sábado, 8 de abril de 2017

Experiencia de vida de Lucila, una mujer con el Síndrome de Asperger.

Lucila Guerrero
Autora y artista, Montréal.

Nací en Perú. Mi vida, desde la escuela hasta hacerme analista - programadora y esposa, se desarrolló en Piura, una ciudad de la costa norte, cerca de Ecuador.
Fui una niña "modelo", muy calmada, muy silenciosa, muy buenas notas, no hacía problemas, salvo algunos llantos fuertes en casa, aunque no recuerdo muchos. Es en la adolescencia que me di cuenta de mi diferencia con respecto a las otras chicas de mi edad, me sentía sola y no sabía a quién responsabilizar. Me dije: Debo ser yo quién anda mal, entonces sería mejor no existir. Pensé mucho en ello. En lo irremediable.
Sufrí de anorexia y depresión, seguidos de un deseo desordenado de independencia o muerte. Al mismo tiempo mi entrada al mundo universitario, mi primera relación de pareja con alguien que al comienzo se mostraba adorable, para luego ejercer su violencia verbal y física, en privado y en público. Duró varios años que felizmente se terminaron antes que sucediera lo peor: Casarme con él.
Fui dando tumbos de aquí para allá, buscando ser amada, buscando ser como los demás, buscando ser aceptada, buscando un lugar donde encajara bien, viviendo otras formas de violencia, acoso y formas de humillación como mujer. Fue difícil hasta que encontré una persona que reía conmigo, de mis diferencias, tanto reímos, que nos casamos para seguir riendo toda la vida.
Lucila trabaja actualmente en el proyecto fotográfico: "Aimer dans l'imbroglio", explorando el tema del amor en las personas autistas.

En la misma época trabajaba y era una profesional en informática. Quería mi trabajo al punto que podía haber trabajado sin ser pagada, ya que la retribución emocional era grande. Se lo decía a todos, incluso a mis jefes ¡Adivinen qué ! Pues sí, fui explotada muchas veces. 
Mi esposo y yo, decidimos dejar nuestro país e instalarnos en Montreal, Canadá el 2001. Empezamos desde cero, confiaba, junto a él todo estaba bien, todo era fácil, sólo tenía que seguirlo, dejarme llevar y seguir riendo. Hasta que la naturaleza hizo su obra en mí: Me hizo mamá. Y yo, que nunca pensaba en maternidad, ni en niños, yo que era la más indiferente, me volví la más feliz de las mamás cuando tuve mi bebé en los brazos.
Mi hijo pasó a ser mi prioridad. No fue muy bien visto. Sobre todo que necesitaba mucha atención, y mi vida cambió. La gente que se siente importante al dar consejos gratuitos, me hacía saber sus comentarios: Haz esto, no hagas el otro. No escuché.  Mi marido ya no reía y se fue, me quedé sola, sin amigos cercanos, sola con mi hijo. En mi soledad descubrí que tenía capacidades, mi pasión por el arte volvió a estar presente. Sola con la inspiración. Sola sin ser juzgada. El siguiente paso era salir al mundo otra vez, pero ahora sí con cuidado, seleccionando cada persona que entraría a mi vida, únicamente lo positivo. No fue nada fácil, lloré, no dormí. Dolió, pero las transformaciones duelen, ese es el precio. Así pude seguir creciendo.
Lucila y Luka, su hijo de 11 años.

Entre 2008 y 2010 descubrí que somos autistas mi hijo y yo. 
Todo comenzó cuando mi hijo, a la edad de 2 años y medio, quiso que lo llamáramos Tren Azul en lugar de su verdadero nombre. El cambio de nombre duró 20 meses, nunca noté nada inquietante en él porque lo encontraba parecido a mi. Me dije que era simplemente su personalidad, pero fui a consultar y luego de períodos de frecuentar especialistas,  recibí la confirmación: Asperger.
Fue una época de introspección y de conocerme. Entendí que soy una persona linda interiormente, así como soy, que tengo cualidades, valores, que tengo derecho a vivir de acuerdo a mi manera de ser. Empecé à ver los horrores que se comenten tratando de normalizar a la gente, lloré de ver la injusticia y las humillaciones contra otras personas como yo, entonces me volví sensible y comprometida con la causa del respeto a la neurodiversidad. Ahora soy artista profesional, también autora del libro "Lundi, je vais être Luka" (El lunes, voy a ser Luka). Doy conferencias e inicio diversos proyectos para proponer reflexiones sobre la neurodiversidad, sobre la condición autística y sobre el orgullo de ser la persona que somos. Soy cofundadora de Aut'Créatifs, un movimiento de personas autistas por nuestro reconocimiento positivo. Colaboro con otros organismos en arte y autismo. Mi proyecto actual es una exploración fotográfica del amor, en todas sus formas, manifestaciones y gestos, en las personas autistas.
Conferencia:"Mujeres Asperger", Montreal, abril 2015.

Mi vida está lejos de ser color de rosa, hay malentendidos, tristezas, incomprensión. Debo batallar contra el sistema no inclusivo. Debo batallar por mí y por los demás. Quiero abrir un camino para que la vida de mi hijo sea menos difícil que la mía, pero es justamente lo que le da sentido a mi vida, finalmente, después de haberme preguntado una y otra vez sobre el sentido de vivir.
Una de las personas positivas que encontré en mi camino me dijo un día :"Si tú no te quieres, nadie te va a querer". Tenía razón. Para poder llegar a ser amada, tuve que quererme primero y aceptarme como soy.  Ahora, ya no estoy sola, y estoy en paz, sin rencor alguno. Comparto mi historia con respeto para que pueda servir a nuestra causa.
Los invito a visitar mis enlaces y estar en contacto en las redes sociales.

Sitio web:


lunes, 3 de abril de 2017

La Anorexia, una pésima consejera.


Siempre fui una niña delgada, la razón principal es que era muy “mala” para comer. Cuando pequeña, cada vez que llegaba la hora de las comidas del día, hacia escándalos y devolvía de mi boca lo que no me gustaba. A medida que fui creciendo nunca cambió el hecho de que ciertos alimentos yo no los tolerase en mi boca, pero tenía que comerlos igual por obligación para no ser regañada. En ese tiempo no me importaba los “kilos” porque era delgada, incluso quería ganar peso para que dejasen de “molestarme” diciéndome que era muy “flaca”, pero lo poco que aumentaba en peso, rápidamente lo bajaba (creo que por mi estado nervioso no lograba asimilar lo que comía). Transcurrieron los años y a los 23 años quedé embarazada y apenas logré subir un kilo por mes, los cuales “desaparecieron” abruptamente luego del parto, debido a lo difícil y doloroso que fue. Al poco tiempo de nacer mi hijo comencé a experimentar mucha ansiedad (por otras razones) y eso dio inicio a que comiese en exceso, consumiendo en grandes cantidades lo que se le denomina comida “chatarra”, podía comer en un día un kilo de helado con capas de chocolate y un paquete de 1.000 gramos de papas fritas con mucha mayonesa al día y por semanas, y luego cambiar los productos pero manteniendo el mismo equivalente en exceso de calorías.
Ese año no subí ningún kilo porque yo estaba amamantando a mi hijo, pero después de que mi hijo cumplió un año dejé de darle pecho y seguí comiendo al mismo ritmo, pero esta vez comencé a engordar. Yo no me daba cuenta de esto, hasta que después de un tiempo, algunas personas que no me habían visto hace mucho y me encontraban en la calle, me decían que estaba gorda, pero lo que más me afectó fue cuando alguien me dijo que parecía “chancha” (cerdo) y fue cuando realmente me di cuenta de mi sobrepeso (la persona que dijo eso no fue por maldad porque es alguien cercano a mí, sólo que no midió sus palabras). A partir de allí traté, infructuosamente, de hacer dietas, pero el hambre podía más y todo lo que hacía durante el día para comer poco, en la noche era olvidado, dándome “atracones” de comida y sintiéndome culpable por ser tan “débil”. Fueron tres años en que intenté bajar de peso sin éxito alguno (a esas alturas pesaba casi 80 kilos).
Artista: Eduardo Replinger.

Cuando cumplí 30 años tuve mi primera crisis de angustia en el lugar en que yo trabajaba debido a que sufrí demasiada presión (no tengo tolerancia a la presión de otras personas porque ya de por sí yo vivo presionándome en todo lo que hago). Eso me llevó a llorar todos los días, antes y después de mi horario de trabajo, quitándome absolutamente el apetito porque era mucha mi angustia y ya no quería volver a trabajar.
En un mes bajé casi 15 kilos y finalmente dejé mi trabajo porque ya no resistí más las crisis a las cuales me veía envuelta día a día, cayendo en una profunda depresión. Con la falta de trabajo, pronto vino la falta de dinero, entonces comencé a comer menos para ahorrar el poco dinero que recibía mes a mes y así alimentar a mi hijo, pues no me encontraba en condiciones de trabajar en esos momentos debido al trastorno depresivo que me tenía sumida en el absoluto desgano. Pero no me molestaba sentir el ardor en mi estómago avisándome que debía comer porque comencé a ver que el hecho de haber comido poco me hizo llegar a pesar 50 kilos (yo mido 1.70) y eso me satisfacía completamente (para que se haga una idea de lo delgada que estaba: Podía usar las poleras y chaquetas de mi hijo de 10 años). Comencé a sentir una enfermiza atracción por tocar todo el día, y más aún en la noche, los huesos de mi cuerpo que ya se notaban (a esas alturas ya no se me veían los senos, sólo eran dos pellejos colgando, algo así como se ven las perras callejeras que han parido y se ven famélicas). Tendida en la cama, en la soledad de la noche, me miraba con un espejo grande las costillas, el esternón, la clavícula, las vértebras y el sacro que se notaban sólo cubiertos de piel, tocaba una y otra vez los huesos y eso me causaba placer, aunque estuviese sintiendo como si un fuego quemase mis entrañas, en cambio, ese "fuego" me indicaba que estaba haciendo las cosas "bien" y no estaba cayendo en la "tentación" de comer. No diré detalles de cómo me engañaba para comer casi nada, porque si algo aprendí en mis 7 años de anorexia, es que cuando uno está viviendo esta enfermedad, aprovecha de ver programas en que muestran la vida de alguna chica anoréxica, pero NO para aprender la lección de vida de aquella persona, sino que para “aprender tips” de las cosas que ellas hacían para perder peso y eso copiarlo para uno seguir estando delgada. Así que yo aquí no mencionaré nada de eso por si alguna chica que pueda tener problemas alimenticios, lea mi escrito y se “tiente” a repetir lo que hice yo. Si diré que yo no quería perder peso para atraer hombres porque estaba consiente que mi físico no era del gusto de los demás, pero eso no me importaba, sólo quería seguir experimentando la satisfacción que sentía yo al tocar mis huesos cubiertos de piel, y comprobar con esto que yo tenía el control.
Artista: Eduardo Replinger.

Mi entorno cercano comenzó a decirme que me veía fea, algunas personas me preguntaban si estaba enferma de cáncer, y hubo quien pensó que yo estaba consumiendo droga. El punto es que las personas comenzaron a preocuparse y a mencionar mi baja de peso, pero a mí nada de eso me importaba, en cambio, me satisfacía ver que todo mi sacrificio estaba dando resultado y eso me alentaba aún más a no caer en la “tentación” de comer, incluso si llegaba a morir a causa de mi escuálida alimentación, me importaba muy poco. Además en esa época comencé, erróneamente, a fumar y a beber café en exceso, nada importaba más que sentir mis huesos, ni siquiera el hecho de que mi hijo se fuese a quedar sin madre, amándolo como lo amo (reconozco mi enorme egoísmo, pero estaba afectada por esta enfermedad y, a la vez, por una profunda depresión. El hecho de vivir sola con mi hijo pequeño, me “ayudaba” a vivir mi anorexia sin preocuparme de que me vigilaran y presionaran para comer. Mi rutina era hacer 2 horas diarias de ejercicios y ver programas de televisión en donde hablaban de dietas o personas con anorexia (para copiar métodos de adelgazamiento) y cada vez que iba al supermercado revisaba las calorías de cada producto alimenticio y todo lo que compraba para comer era “diet”. Luego de esta fase de casi no comer, comencé a sentirme “tentada” por comer de vez en cuando alguna comida “chatarra”, y apenas terminaba de hacerlo corría al baño a vomitar, pero esto fue esporádico porque mi miedo a que mi hijo me escuchase y fuese a imitar mi conducta cuando creciera, me hizo preferir comer muy poco a darme “gustos” que después irían a parar al baño en un vómito autoinducido, además pensaba que era injusto que, habiendo tanta gente que pasaba hambre por no tener que comer, yo fuese a "botar" el alimento.
Artista: Eduardo Replinger.

A los dos años de haber dejado mi trabajo de un día para otro, volví a ejercer de maestra en una escuela (primaria). Estando allí evitaba participar de cualquier reunión que significase compartir comiendo. Con mis familiares era lo mismo, no participaba de nada que significase comer. Eso me fue alejando mucho más de las personas, y si ya antes no socializaba mucho, el miedo a que me obligasen a comer, me apartó aún más de los demás. Después de 6 años recapacité, con ayuda de quienes me quieren, y comencé a comer casi normal. Decir que me he “sanado” del todo, sería mentir. Creo que la “mentalidad anoréxica” me va a acompañar toda mi vida, y no caer nuevamente en la tentación de casi no comer, es una lucha constante porque, aunque trate, no puedo evitar pensar, cada vez que como, en las calorías que estoy ingiriendo y sentirme culpable y "débil de voluntad" por comer, más cuando alguien me dice que “ahora sí me veo bonita y no como antes cuando estaba muy delgada”. Esa es la peor frase que se le puede decir a una ex anorexica, porque tantas veces nos dicen que nos vemos feas al estar tan flacas, que si esta vez nos dicen que nos vemos bonitas, significa que ya no estamos delgadas, por lo tanto, es un sinónimo de estar “gorda”, y en vez de que esa frase sirva como aliciente para seguir comiendo, provoca el efecto contrario y uno quiere dejar de verse como los demás perciben la belleza, porque para quienes tenemos esta enfermedad, la belleza son los huesos. Hoy peso 58 kilos (supuestamente sigo delgada para los demás), y no niego que me encantaría pesar 8 kilos menos, pero ya no hago nada por llegar a ese peso (ideal para mí). 
Artista: Eduardo Replinger.

Cabe mencionar que la anorexia puede estar presente en el Síndrome de Asperger como COMORBILIDAD, y quiero dejar en claro que NO ES REGLA que afecte a todos quienes tienen el síndrome y TAMPOCO es una característica de la persona Asperger, pero sí he conocido más casos como el mío en chicas aspies. No sé lo que puedan experimentar otras personas Asperger al vivir con este trastorno, pero en mi caso, era la satisfacción por mantener el control sobre mí misma, y en algunas ocasiones, una especie de autocastigo, porque cada vez que he fracasado en algo, ya no siento deseos de comer y si llego a intentar comer, mi cuerpo rechaza el alimento, pues siento de inmediato ganas de vomitar (esto me sucede, sobre todo, cuando atravieso grandes crisis de angustia y ansiedad. 
Las razones por las que un joven puede llegar a la anorexia son variadas, pero yo me detendré en una, la que me tocó vivir a mí y desde allí dar un pequeño consejo a quienes rodeen a una persona con sobrepeso, y eso es: TENER CUIDADO CON LAS PALABRAS QUE SE DICEN, una burla, un apodo que puede parecer “inocente” o de “cariño”, pueden provocar una futura persona con anorexia. Recuerden que no todos son tan “fuertes” y las constantes críticas pueden “hundir” a una persona y llevarlas a tomar malas decisiones. Hay sobrepesos que se pueden evitar, y eso es cuidando la alimentación de su hijo cuando es pequeño e incentivarlo a hacer actividades físicas y si hay algún problema en el metabolismo, tratarlo con un nutricionista o algún profesional idóneo. Lamentablemente la anorexia también aparece en la infancia, por lo que hay que estar atentos a las palabras que se dicen y los ejemplos que se dan.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Eduardo Replinger Fuentes, un talentoso artista español con el Síndrome de Asperger. Si quiere ver más de sus obras, visite su página:

Aquí le dejo un BREVE vídeo en dónde un joven con el síndrome de Asperger habla sobre la Anorexia en algunas personas TEA:


sábado, 1 de abril de 2017

¡Ya estás hablando sola otra vez!

¿Existe alguien que no haya hablado solo alguna vez? No lo sé, pero desde que tengo memoria, recuerdo que, bajo algunas circunstancias, me he encontrado en soliloquios bastantes entretenidos algunas veces, otras no tanto, dependiendo de la situación que me tiene absorta en aquellos momentos, sin antes resguardarme de que nadie esté presente en aquellos instantes para que no vayan a pensar que estoy “loca” por hablar sola. Las razones por las cuales mantengo estos monólogos, son tres: Pensar en voz alta, imaginar sucesos que he deseado alguna vez se hagan realidad, y la más recurrente: Ensayar diálogos que tendré en un futuro con alguna persona que en esos instantes no está presente, pero que más adelante si lo estará.
El pensar en voz alta, es una especie de confirmación de lo que estoy sintiendo y a la vez reafirmar que lo que he dicho o hecho, está bien. Mi baja autoestima y mis constantes equivocaciones, son causantes de creer que todo lo que hago o haré, resultará mal, es por eso que cuando realizo algo con éxito, tiendo a repetir lo que dije o hice, en voz alta, como tratando de memorizar para repetirlo la próxima vez, y así asegurarme que me traiga el mismo éxito que la vez anterior. Creo que el decir en voz alta algo que hice bien, es una especie de regocijo para mí, es como repetir varias veces la experiencia de sentirse satisfecho con uno mismo; es que son tantos los fracasos al tratar de conseguir una buena comunicación, que cuando al fin lo logro, no quiero que ese momento termine nunca. También tiendo a hablar sola sobre lo que haré o dejaré de hacer, dependiendo de las experiencias previas que me llevan a determinar, en voz alta, las acciones a seguir, sobre todo cuando debo salir a hacer diferentes trámites, repasando verbalmente cada sitio al cuál iré y lo qué haré en dicho lugar.
Artista: Cecilia García Villa.

El imaginar sucesos que deseo que alguna vez se hagan realidad es algo inherente a mi personalidad soñadora ¿será por eso que me gusta escribir historias? Desde muy pequeña he “alucinado” con el “mundo” de los actores del cine, quería ser una gran actriz, es por eso que luego de ver alguna película que llamase profundamente mi atención, repetía los diálogos de algunas escenas o simplemente los inventaba y me imaginaba siendo yo parte de esa película interpretando el personaje que me había cautivado en esos instantes. Muchas veces he inventado mis propias películas, con historias que algún día pienso escribir en mis libros, y mientras he repasado en mi mente los diálogos, me he visto de repente interpretándolos en voz alta. Y de la mano con estos monólogos en los que me he visto envuelta muy seguido, viene la parte Fantasiosa - Optimista, esa que me lleva a imaginar estar en la situación en la que un día seré reconocida como escritora, por lo tanto ensayo en voz alta lo que diré el día en que sea entrevistada por mi trabajo literario (Sí, sí sé que es un sueño a gran escala, pero tal como dicen: “Soñar es gratis”. Y menos mal que lo es, sino cuánto dinero habría gastado en mi vida por cada sueño despierta que he tenido). Quizás las historias en mi cabeza sean más entretenidas que mi vida real, y por ende, menos dolorosas, no lo sé, sólo sé que aun fantaseando bastante en voz alta, tengo bien claro cuál es mi mundo real (¡Tranquilos! Aun no llego al extremo de confundir realidad con fantasía J )
Artista: Cecilia García Villa.

¿Cuántas veces me vi hablando sola, imitando a la compañera de clases simpática y extrovertida e imaginando que yo era tan querida cómo ella? ¡Uy! Esa es otra de las ocasiones en que acostumbraba a “actuar” en completa soledad, pero esta vez imitando a personas reales y no personajes del cine. Siempre me ha llamado la atención el comportamiento humano, a tal grado de observar los detalles de la entonación de voz y los gestos de las personas (nunca me he fijado como van vestidas, exceptuando cuando debo reconocer a una persona desconocida, pero siempre presto atención a su comportamiento; en ese aspecto no pierdo detalle), y creo que esa fijación es la que me ha ayudado en gran parte a relacionarme con los demás. Si las personas no hubiesen sido mi centro de interés quizás yo no habría sabido cómo comunicarme con ellas, ni hubiese aprendido que una sonrisa facilita que la otra persona tenga interés en conversar con uno (creo que lo de la sonrisa lo interioricé tanto, que muchas veces sonrío mecánicamente, hasta cuando no debo hacerlo, pero en fin, es difícil para mí los términos medios en cualquier ámbito, incluyendo el sonreír). Pienso que el mantener monólogos, imitando a la persona sociable, era una forma indirecta de ensayo y error para luego ponerlo en práctica. He tenido éxito, pero cuando ya la persona es de confianza y no son más de 3 en un grupo, pero aplicar esa simpatía cuando son más personas ¡Jamás! A no ser que “sin querer queriendo” diga algo que a los demás les haya parecido gracioso, aunque no sea mi intención que lo interpreten así, y de ahí a reconocer si se han reído conmigo o de mí, ese es otro gran dilema cuando de reconocer intenciones se trata, porque eso no se aprende hablando solo, se aprende (y si es que se aprende) cuando uno ya es adulto y luego de muy malas experiencias de vida con personas burlescas, que parecen necesitar tener que humillar a otros para parecer graciosos ante los demás.
Artista: Cecilia García Villa.

El hablar sola para ensayar futuras conversaciones, es prácticamente una necesidad, puede ser que producto de mi tremenda inseguridad y el miedo de no ser entendida ni comprendida, me impulse de manera automática, sin planificación, a verme envuelta en conversaciones imaginarias con la persona en cuestión, incluso, previendo sus posibles respuestas, y tratando de ponerme en la situación dependiendo de la reacción que pienso pueda tener esa persona con respecto a lo que tengo que decirle, y a la vez, tener diferentes respuestas para cada una de las palabras, que pienso, me dirá ella. Es por eso que cuando no he planificado una conversación y me han dicho algo inesperado, muchas veces no sé qué responder y varias palabras mías quedan en el “tintero”, sobre todo cuando me veo envuelta en situaciones injustas, en donde esa persona me ha tratado mal y yo no me lo esperaba, y luego, sola en casa repaso esa mala experiencia y me digo: “¿Por qué no le respondí tal cosa?”, “Debí haber reaccionado de tal forma”, “¿Por qué no le dije las cosas de una mejor manera”, etc. Y repito ese enfrentamiento con la persona en cuestión, en mi mente, pero ahora respondiendo en voz alta lo que debí decir y no dije, y guardando cada palabra en mi memoria para cuando nuevamente me encuentre con la persona en cuestión. Es por eso que siento que necesito ensayar mis diálogos con los demás antes de tener la plática real, para no seguir cometiendo errores y saber decir las cosas de la mejor manera posible y de una forma clara para poder ser entendida y comprendida. Muchas han sido las ocasiones en que he sido malinterpretada y acusada de ser hiriente e intransigente, y mi intención, la mayoría de las veces, no es ésa. Generalmente estas pláticas en voz alta, son producto de algo que me está angustiando de la otra persona con la cual mantendré un diálogo.
Artista: Cecilia García Villa.

Conversando con otros aspies, me he enterado que el hablar solos no es una situación aislada en las personas con la condición, pero sí malinterpretada en algunas ocasiones, quedando de manifiesto cuando algún padre o madre no ha dudado en decirle a su hijo que piensa que tiene esquizofrenia sólo por el hecho de mantener monólogos en completa soledad; pero esos aspies, al igual que yo, jamás han escuchado voces ni nada parecido, sólo pensamos en voz alta. Pienso que es muy necesario para los aspies mantener estos soliloquios, porque de por sí para nosotros es difícil mantener conversaciones espontáneas, sobre todo cuando se trata de alguna persona desconocida o alguien con quien no tenemos confianza, o cuando debemos hablar en una situación que nos causa angustia y ansiedad, como por ejemplo: Una disertación en clases, una exposición frente a los compañeros de trabajo, o en cualquier entrevista con personas que no queremos relacionarnos, pero es necesario hacerlo. Hay que tener en cuenta que las personas Asperger necesitamos mantener el control de las situaciones, por lo tanto, el ensayar diálogos nos ayuda a que la situación de tener que comunicarnos, no se nos escape de las manos y no sea tan tortuoso el tener que expresarnos frente a los demás bajo condiciones estresantes. Para el común de las personas las relaciones con los demás se dan de manera espontánea, pero para nosotros, los aspies, no es así, es por eso que necesitamos ensayar las conversaciones como una manera de adquirir destreza en esa área y de esa manera enfrentar lo que para nosotros resulta ser un desafío.
Aquí les dejo el link de una entrevista escrita que di para el Portal Innatia.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página: