miércoles, 25 de enero de 2017

Sobre Ser Atractivo


Cuando era niño, decidí que yo no soy atractivo. Probablemente he pasado la mayor parte de mi vida pensando en eso. En secundaria especialmente, cuando las chicas empiezan a desarrollar sus atributos y yo era gordito, malo para los deportes, malo para los estudios. No pasaba un día en el cual yo me dijese a mi mismo que "ninguna chica me va a poner atención".
Lo más extraño es que mis profesores me decían que yo era inteligente, cuando yo no lo creía.

Creo que siempre llevé eso conmigo porque ni un sólo día me atreví a pensar que yo era guapo. De vez en cuando yo me permitía a mi mismo pensar "oye, luces bien", pero a los pocos segundos yo me comparaba con alguien más y mi autoconfianza se caía en pedazos.

No importa que tanto me arreglase para ir a una fiesta, en mi mente alguien o muchos, lucían mejor que yo. Otra cosa que yo solía hacer era compararme con los artistas famosos y oh sorpresa, Brad Pitt y Ricky Martin lucen mejor que yo.

Es muy interesante que podemos ver cualidades únicas en otros y vemos a otros como personas hermosas, pero no podemos ver esas cualidades en nosotros mismos.

Es extraña la diferencia en la cual uno se ve a si mismo y como los otros lo ven.

Ahora tengo 38 años y sé qué es lo que hace que un hombre sea atractivo y sé que lo tengo. Lo que hace que un hombre sea atractivo es "Proyectar la imagen de ser un protector", así de simple.
Recuerden por favor que un hombre puede proteger por:
1) ser adinerado
2) tener potencial para ser adinerado en un futuro
3) ser físicamente fuerte
4) ser un líder natural de tu grupo de amigos
5) demostrar que eres alguien dispuesto a proteger a quienes amas.

Así de simple.

Recuerden que nuestros instintos se generaron en una era en la cual sobrevivir era muy difícil, especialmente para las mujeres y es por eso que las mujeres encuentran que esas cualidades de protector son atractivas, incluso si algunas lo niegan (muchas veces no somos conscientes de nuestros instintos)

Hace poco ví este vídeo

https://www.youtube.com/watch?v=kxuBYU6kYXk

Se trata de un actor quien tiene parecido físico con Howard Philips Lovecraft y hace vídeos semanales. Pues bien, en este vídeo él menciona que si tu sentido de valía y satisfacción depende de factores externos a tí, entonces jamás en la vida vas a tener suficiente, porque siempre va a haber alguien más popular que tú en algún círculo social y si te enfocas en popularidad te metes en un juego que nunca jamás se puede ganar, la vida es más que eso. Ese concepto me dejó perplejo.

A veces, yo suelo comparar a mi padre con el padre de un gran amigo mío. Este señor es muy serio y trabajador, es un hombre sin vicios y un señor muy respetado por la sociedad. Mi padre es un hombre simpático y gracioso, es un tanto mal hablado y tiene un gusto por el alcohol y por cierto, su éxito no se puede comparar con el respeto que recibe el papá de mi amigo. En todo caso, está mal comprarse con los demás, el padre de mi amigo tiene virtudes, pero mi padre también las tiene y yo soy quien soy en parte gracias a la educación que mi padre me dio (en otra parte por mi asperger y en gran parte por la educación que mi madre me dio)

¿Cómo asignan ustedes su sentido de valía?

domingo, 15 de enero de 2017

¿Por qué no saludas cuando vas por la calle?


Esta pregunta me la han hecho en varias ocasiones las personas que me conocen, debido a que cuando yo camino por la calle no los he saludado y les parezco una persona altiva al no tener ese gesto de cortesía con ellos. Hasta algunos creen que yo lo hago a propósito, pues cuando he tratado de explicarles que no los he visto, me han dicho que yo sí los he mirado y aun así, no les saludé. Esto era algo que me ha incomodado profundamente porque me han hecho sentir como si yo fuese mentirosa y los ignorase adrede (algo que está muy alejado de la realidad, pues las supuestas veces que los "miré", nunca fue tal). Desde muy pequeña siempre he estado en "mi mundo", mi mirada puede dirigirse a personas u objetos, pero mi mente está siendo acaparada por pensamientos que no tienen nada que ver con lo que yo pueda estar "viendo" en esos momentos. Esto me impide observar con detención a las personas y poder reconocerlas para los saludos de rigor. No siempre me sucede esto, pues unas pocas veces sí presto atención a la gente que se cruza en mi camino, y en esos momentos no tengo problemas en saludarlas si es que he reconocido su rostro. Pero dicho reconocimiento no siempre ocurre, debido a la Prosopagnosia.
Artista: Cecilia Garcia Villa.

La prosopagnosia es la incapacidad para reconocer rostros, y es algo que afecta a algunas personas Asperger, aunque quisiera aclarar que NO es una característica del síndrome de Asperger, por lo tanto no todas la personas que presentan Prosopagnosia tienen el síndrome, ni todos quienes son Asperger sufren de Prosopagnosia. Creo que en mí no es tan severa esta afección, pues puedo reconocer a los familiares, amigos o compañeros de trabajo con quienes me relaciono en el diario vivir, no así con quienes he visto solo un par de veces o con quienes no me relacioné mucho y dejé de ver por un tiempo. He ahí que viene mi gran problema, pues me ha sucedido muchas veces que gente que no reconozco me detiene en la calle o en algún sitio para saludarme y recordar aquellas veces en que conversábamos, diciéndome que tengo el mismo rostro de cuando me conocieron y que no he cambiado nada ¡Y yo no tengo idea de quien es ni en donde lo conocí! Fue así que en una oportunidad un chico se indignó conmigo por no saber quién era él. Dijo que habíamos conversado varias veces en la Universidad, pero yo ni idea, así que seguramente pensó que yo me estaba haciendo la desentendida y no me habló nunca más. En otras ocasiones me ha sucedido lo contrario y yo he saludado personas pensando que es alguien conocido, y al percatarme de su silencio me doy cuenta de que me equivoqué de rostro y no es quien yo pensaba que era. Hace poco me sucedió una situación que estuvo al borde de ser la más vergonzosa de todas mis experiencias con no reconocer o confundir rostros: En Diciembre del año pasado estaba con mi hijo comprando en una tienda, de pronto vi a quien yo creía era mi "media hermana" con un bebé recién nacido en brazos, le salude y le pregunté: ¿Cuándo nació y por qué no me enteré de que estabas embarazada? Ella sonrió y me dijo que no había publicado fotos en el Facebook, y miró a un hombre que estaba cerca de ella y me lo presentó diciéndome: "Él es mi pareja". Yo me quedé desconcertada (Si apenas hace dos días había visto fotos que ella publicó en face con su marido, y éste no era igual al otro porque no era calvo).Yo no supe que decir y me quedé en silencio por unos segundos, mientras saludaba al que “ahora” era su pareja, preguntándome en mi interior ¿Cuándo fue que se separó y por qué seguía sacándose foto con el hombre calvo? ? En eso estaba, cuando la vendedora que la estaba atendiendo le dice: "Señora Paula está lista su compra"; y fue allí que me di cuenta que no era mi media hermana sino una ex compañera de trabajo!!! La vendedora me "salvó" de hacer un papelón en esos instantes.
Artista: Cecilia Garcia Villa.

Los momentos más angustiantes para mí, a causa de la prosopagnosia, fue cuando trabajé de Educadora. Debía reconocer los rostros de 30 niños y asociarlos con el adulto que lo iba a buscar a la salida del colegio. ¿Se imaginan mi miedo de entregar equivocadamente un niño a algún extraño? Se me dificultaba enormemente memorizar sus rostros y asociarlos a su nombre y a la vez con el adulto que lo iba a retirar. Para ayudarme tenía que agacharme y preguntarle al niño o niña si conocía a quien lo venía a buscar y quien era esa persona, otras veces me favorecía que los pequeños gritaban: ¡Hola mamá! ¡Hola papá! y entonces yo respiraba de alivio al contar con esa información que me permitía entregarlos con confianza. El miedo a que alguien con mala intención se fuese a llevar a algún alumno mío y yo no notar mi error de reconocimiento, lo viví por años cada inicio de la etapa escolar, y ya con el paso del tiempo lograba memorizar los rostros y asociarlos con sus respectivos nombres, aunque fuese una tarea muy difícil de lograr (tenía todo un año de convivencia diaria con ellos). Ese proceso de reconocimiento de rostros también tuve que aplicarlo con compañeros nuevos de estudios, y luego con compañeros de trabajo que recién venía conociendo. Podía estar toda una mañana compartiendo con ellos y luego, en la tarde, dirigirme a un supermercado u otro lugar, toparme con ellos y no lograba reconocer en donde había visto esa persona (aunque unas horas antes haya estado en la misma habitación con ella).
Artista: Cecilia Garcia Villa.

Una de las "técnicas" que he aprendido para reconocer a personas que no conozco previamente, y que debo volver a ver en el mismo día, es observar si lleva algún implemento, bolso o algún vestuario que me haga diferenciarla y reconocerla entre los demás, si es calvo, si usa lentes. En fin, trato de unir dos o tres características de aquella persona y con ello puedo cerciorarme de reconocerla unas horas después. Esto lo aplico cuando estoy haciendo fila para que me atiendan y pido a alguien que me guarde el puesto mientras yo me voy a otro lugar. Observo a la persona a la cual le pido que cuide mi lugar, si es mujer, observo si lleva aros, si lleva bolso y que color y forma tienen; también me fijo en su vestuario. Si es varón, aplico la misma técnica de observación. Cuando me atienden en algún lugar una determinada persona que lleva uniforme al igual que sus compañeros de trabajo y debo volver horas después u otro día para atenderme con esa misma persona, simplemente pregunto su nombre y apellido, porque me es imposible de recordar su rostro, a no ser que lleve un color o corte de cabello estrafalario.
Como podrán darse cuenta, es un tema esto de la prosopagnosia, llegando, incluso, a exponernos a situaciones un tanto incómodas o desesperantes en algunas ocasiones. Hoy en día pienso: Quizás cuántas personas se han quedado con la idea errada de que no les he querido saludar y jamás me lo hicieron saber. ¿A cuántos conocidos no habré saludado en mi vida y nunca me enteré? ¿Cuántos me quedan aún por no reconocer porque he olvidado sus rostros? Solo espero que si alguien que me conoció y alguna vez no lo saludé, lea esto y ahora entienda el por qué.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia Garcia Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:
https://www.facebook.com/CGVArte?pnref=story

Aquí les dejo un vídeo en dónde un joven con el síndrome de Asperger habla sobre la  Prosopagnosia:


domingo, 8 de enero de 2017

Experiencia de vida de Tamara, una mujer con el Síndrome de Asperger.

Mi nombre es Tamara Suárez y soy persona. Más allá de eso tengo otras etiquetas menos relevantes como ser Educadora Diferencial, ser mujer, ser libre, y ser autista. Quizás el de mayor relevancia es el ser madre, porque bueno, tengo una bebé de 6 meses, siendo prioridad en mi vida.
Hoy también soy adulta, 30 años, y a pesar de no ser mucho tiempo, la vida de alguna forma ha sido bastante larga para atrás. Etapas y etapas, todas diversas, así que partamos desde el inicio.

Infancia:

Única como la de todos y tan diferente en relación a la mayoría. Fue una infancia llena de timidez, ingenuidad, riesgos, miedos y soledad, pero también con amor, protección y con nuevas experiencias que traen enseñanzas. Hoy como adulta miro a esa niña y a veces me da tristeza, porqué tuvo que pasar por todo eso siendo sólo una niña, porqué tuvo que ser prejuzgada desde que tenía conciencia, porque ya desde pequeña ha sido desvalorizada. Pero si no hubiese sido por eso, hoy no existiría. Y con existir me refiero a mi esencia, a lo que soy como persona.

Nací como primogénita, parto cesárea, 42 semanas y algo más, podálica, 23 de Enero de 1986, una búfalo de madera. Cómo primera hija recibí muchos cuidados de mi madre, mientras mi padre se encontraba navegando, por lo que los primeros lazos los fui creando con ella y con dificultad con mi papá, por más esfuerzos que él hiciera. Me decían que hasta el año era llorona, muy llorona, despierta, miraba todo, no gateé, caminé al año y dejé los pañales al año y medio. Tomé leche materna hasta los 9 meses cuando mi mamá quedó embarazada de mi hermana del medio. Era muy querida, amada, pero a mi mamá la tenía cansada, porque el primer detalle importante era que no dormía, a lo más 15 minutos en todo el día. Cuando ella hablaba con los médicos, estos no le creían, le decían que la gente se muere si no duerme, pero ahí estaba yo, toda despierta y mirando todo.
Aquí tengo una semana de vida y estoy en brazos de mi padre.

Pero al comenzar a caminar se comenzaron a ver otros detalles. “Se hace la sorda” era una frase común, me hicieron una audiometría para descartar hipoacusia, también ordenada objetos en filas, caminaba en puntillas, típicos casi de caricatura de una persona autista. Durante la noche mis papás escuchaban bulla en el living de la casa, como si estuvieran “penando”, pero era yo, caminando de un lado a otro, por horas, algo habitual, además de tener una preocupación excesiva por los gérmenes, lo que hacía que teniendo 1 a 3 años limpiaba con papel higiénico el suelo del baño. Mi mamá hoy en día no recuerda mucho esos detalles, sin embargo mi papá los recalca a la perfección. Al año y medio me comenzaron a dar gotas para dormir, pero a los tres años un pediatra observó que mientras me atendía yo entraba en pánico y suplicaba llorando para que limpiarán un moco que tenía en la nariz, estaba descompensada, él le dijo que eso no era normal y me mando a un neurólogo, desde ese momento comenzó todo. Autismo atípico era el nombre que se recibía antes esas características que no eran comunes al autismo clásico, el síndrome de Asperger aún no aparecía como diagnóstico, y digamos, era como el TGD de hoy en día.

Comencé con terapia conductual y de shock, lo que podía ir desde terapias con refuerzos positivos a exponerme a situaciones angustiantes para así “mejorar” y no sentir más pánico a esa situación. Meter el dedo a la mermelada era una de las formas utilizadas para quitar el miedo a los gérmenes, muy rico dirán algunos, pero es pegajoso, horrible, más horrible aún si ves a otros meter los dedos en ésta. Hoy en día es diferente, puedo meter los dedos a la mermelada sin problemas, sólo si nadie lo ha hecho antes, pero, frente a la forma “terapéutica”, aún sigo pensando que no es el mejor método, porque lo recuerdo con angustia y lleno de miedos. Se suman los electroencefalogramas a causa de un diagnóstico de epilepsia rolándica, exámenes de sangre, de orina, neurológicos y psicológicos, dibujar y dibujar, mirar manchas, entre otros.
Aquí tengo un año y medio de vida.

En esa época entrar a la sala del psiquiatra era como ir a Silent Hill, por la neblina de humo esparcida por todos lados, y el doctor al que iba fumaba muchas cajetillas en el interior de su consulta, ya que en ese tiempo era legal fumar en todos lados, incluso fumar y tirar el humo directamente sobre mi cara y no pedir disculpas por eso. Quizás por lo mismo no soporto el humo del cigarro, lo detesto.
Hubo más episodios que marcaron mi infancia, muchas cosas tanto muy buenas como muy malas, todo sirvió de algún modo, pero me hicieron no muy fácil esas etapas.

Llegó la adolescencia y si ya me sabía diferente, en ese momento lo confirmaba. Ya les conté sobre que me descartaban hipoacusia…bueno, la verdad es que tengo un oído muy agudo, lo que ha sido más negativo que positivo. Por ejemplo: Era muy común, y hasta el día de hoy, que mi mamá diariamente habla con sus amigas por teléfono. Ella se encerraba en algún lugar para tener más discreción, pero aún sin yo querer hacerlo, era capaz desde mi pieza escuchar todo. En esos momentos lo común era escuchar el nivel de independencia y picardía de mi hermana del medio en comparación con la soledad e inhabilidad social que me caracterizaba; en el tono de voz de mi madre era capaz de observar como cambiaba al momento de hablar sobre mí, y de a poco se fue explicitando a través de palabras en donde ya no me imaginaban siendo capaz, ni mucho menos llegar algún día a ser adulta. Era entendible sus preocupaciones, ella miraba desde afuera mi soledad, mi falta de amigos, lo diferente que era del resto y lo tomó como un dolor propio, como una piedra que debía llevar en su camino. Su duelo me llevo a la indefensión aprendida, su protección y miedos me llevo a creerme menos capaz de valerme por sí sola, y su amor y dolor me hacían sentir culpable de haber nacido así.

Desde los 11 años me hacía la pregunta de por qué había nacido siendo así, por qué no podía ser como esos otros, porque claro, lo miraba desde la depresión y sin amor propio, todos los demás se ven tan perfectos. Así fue como caí a una vida sin metas ni futuro claro, sentirme incomprendida y no amada, sentir que las terapias y el esfuerzo que había puesto en éstas eran inútiles, que el haber babeado y dormido durante las clases por la cantidad de fármacos que me daban, no tenía sentido, me llevó a un quiebre total de mi persona que duró por muchos años. Y bueno, también a la rebeldía.
Aquí tengo 5 años.

La rebeldía partió siendo hacia la sociedad, a una sociedad que me excluía por lo que tampoco me sentía parte de ella, eso me daba el derecho de mandarla a la mierda porque me sentía violentada en seguir estando rodeada por aquello que no me aceptaba y valoraba por lo que era. Pero también y de algo que no era consciente, era una rebeldía contra mi esencia, contra quién yo era, me estaba saboteando, tanto mis logros como mis esfuerzos. Es así como dejé el piano el cual había comenzado a tocar a los 3 años, dejé los fármacos y las terapias, dejé mis ropas e intereses, quise dejar de ser yo. Pero alguien que ya lleva años tomando fármacos, y los deja abruptamente en plena etapa donde la impulsividad y confusión reinan, queda hecha un caos. Fui un caos, un caos tanto para mí, como para el resto, toqué fondo muchas veces, no soporté vivir muchas otras veces más, la verdad es que me sentía muy cansada de todo.

En la adultez vine a conocer mi diagnóstico de síndrome de Asperger, y si ya me había levantado un poco de ese caos, y el mundo había vuelto de algún modo a la calma, pero hoy debía vivir mi propio duelo, porque empezaba a tomar consciencia de todo. En este caso tenía dos opciones: O me aceptaba y me amaba, o vivía lamentándome. Tomó su tiempo, pero llegó un día en que me cansé de vivir triste, me di cuenta que me había perdido varios momentos buenos, sólo lamentando y viviendo en el pasado, y que era el momento de comenzar a disfrutar los buenos, y así, de a poco, aún con problemas rodeándome, aprendí a enfocarme en los aspectos positivos de la vida, quitando de mi contexto aquellas personas que son tóxicas y que no son un real apoyo, pero por sobre todo, dejé de esperar la felicidad en el futuro y la comencé a vivir en el ahora. No me di cuenta cuando de a poco comenzaron solas a llegar las oportunidades, los logros y buenos momentos.

Comencé a hacer exposiciones en relación a mi experiencia de vida, y luego también en relación al ámbito profesional, ya que me titulé de profesora diferencial, dedicándome al apoyo de personas en situación de discapacidad. Comencé a interiorizarme en el tema de los derechos sexuales, y de a poco a utilizar esas habilidades propias del espectro, como la búsqueda obsesiva de información por estos nuevos intereses específicos, y así lograr la experticia.
Un día antes de que naciera mi hija.

También me he dedicado a hacer relatorías y capacitaciones en estos temas que me apasionan tanto y lo que me ha dado la satisfacción de poder compartir todo aquello que me gusta aprender. Pero también, la adultez me llevó a sentir valor por la sociedad y cada experiencia y opinión constructiva que me de otro, la valoro y asimilo como algo que no sólo debo respetar, sino que también asimilar a mi propia existencia.

Gracias a un psiquiatra logré, a mis 27 años, dejar los medicamentos poco a poco de manera permanente, siendo menos impulsiva, menos extremista, y aprendiendo por sí sola a controlar las hormonas y estados, tanto mentales como corporales que antes se manejaban por sí solos. Y bueno, la meditación y el taichí también me han sido de ayuda.

Luego llegó mi hija, mi todo, la cual no sólo me enseñó a ser más flexible tanto con mis horarios como sensorialmente, sino también a ser valiente y decidida a las oportunidades que se me iban presentando, porque si antes dudaba, con ella las respuestas pasan a ser un sí o sí, porque toda puerta abierta nos sirve y cada puerta cerrada es posible de abrir para ambas. Además, y como madre también debo ser su ejemplo, he aprendido a regular mi temperamento y a compartir mi felicidad con ella.

Con mi hija aprendí a saber lo valioso que es el tiempo y en cómo prefiero ganar menos dinero trabajando medio tiempo, pero tener la oportunidad de disfrutar lo que más pueda su infancia. Eso implica que hay meses en que no he ganado nada, pero mi orden aspie me permite ahorrar de tal forma que a ella no le falta nada. Sin contar que el apoyo de la familia, durante todo este hermoso proceso, ha sido primordial. Lo mejor, es que ella crece rodeada de amor y protección.

Hoy como conclusión me siento una mujer feliz, plena, con días más buenos que malos, con metas que cumplir, con orgullo de lo que soy y de lo que me rodea y también de todo lo vivido. Por lo tanto, siento que todo valió la pena.

Le invito a ver este breve vídeo en donde les cuento lo que es la Neurodiversidad desde mi punto de vista:


domingo, 1 de enero de 2017

¿Yo procrastino? ¿Ella procrastina? ¿Él procrastina? ¿Ellos procrastinan? ¿Nosotros procrastinamos?


Hola, mi nombre es Jeanette y soy una procrastinadora. Sí, lo soy y hace un par de años atrás no sabía que se llamaba así a la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Y para ser honesta, procrastiné bastante antes de escribir este artículo, pero no por flojera (algunos artículos dicen que esa puede ser una de las razones para procrastinar). En mi caso, y en el de algunos adultos Asperger, la razón por la cual procrastinamos es para evadir situaciones que nos causan tensión, angustia, ansiedad o miedo al fracaso. Yo evadí este escrito, no por las razones mencionadas anteriormente, simplemente lo postergué para escribir sobre otros temas que me parecieron más fácil y rápido de relatar. Bueno, como no sólo me caracterizo por ser una procrastinadora, hoy estoy escribiendo este artículo porque también soy una persona responsable y sentía que era necesario tocar este tema para informar, y si seguía procrastinando, no lo iba a terminar nunca. Con este artículo no quiero decir que todas las personas con el síndrome procrastinan, pues NO es una característica de nuestra condición, se puede dar en cualquier ser humano, sea o no Asperger.

¿Por dónde comienzo? Diré que procrastinar no me hace sentir mejor, pues aunque en aquellos momentos puedo estar realizando algo que me guste, siento la “vocecilla” de la conciencia, quien me repite a cada instante que debo terminar mis deberes y dejar de postergarlos. Es como si “Pepe grillo” habitara en mi mente y no me dejase descansar hasta que termine lo que comencé. La mayoría de las veces que procrastino es por frustración. El constante intentar que me resulte algo y no lograrlo, me hace dejarlo de lado, no sin antes experimentar mucha angustia y ansiedad. Recuerdo haber sido tratada de floja e irresponsable por dejar algunas cosas a medias, pero como no tenía la explicación exacta de lo que me sucedía en aquellos momentos, sólo lograba sentirme aún más frustrada que al comienzo.
Autora del dibujo: Cecilia Garcia Villa.

Quise saber si la Procrastinación es algo común entre las personas Asperger, por lo tanto les pregunté lo siguiente: ¿Se consideran un procrastinador? De los 37 que participaron contestando la encuesta, 31 dicen que sí procrastinan, 3 que no y 3 que depende de la situación. También hice las siguientes preguntas: ¿Se considera un procrastinador? ¿En qué situaciones suele procrastinar? ¿Luego de procrastinar, retoma la actividad que dejó a medias o que no comenzó? ¿Se siente bien cuando deja de lado una actividad que le causa malestar o siente un "peso de conciencia" que no lo deja tranquilo hasta que vuelve a retomar la actividad? ¿Qué soluciones busca para dejar de procrastinar? ¿Ha perdido grandes oportunidades por procrastinar? Los nombres de quienes respondieron no han sido escritos para respetar su privacidad. Estas son las respuestas que obtuve:

-Yo quizás no soy la más adecuada para contestar estas preguntas, ya que me encanta estar haciendo cosas. Sin embargo hay veces en que siento que tengo ganas de hacer muchas cosas pero me cuesta dar el primero paso para levantarme de la cama y comenzar. Ante aquello contestare la pregunta número cinco y lo que hago es organizo mi día con horarios de las cosas que tengo y/o quiero hacer y las voy cumpliendo. Si alguna me la salte, veo que tan prioritaria es y la reemplazo por otra menos importante o la planifico para el siguiente día. Creo que el desarrollo de la planificación, organización y volición es lo más importante para evitar caer en ese estado.

-No, he tratado, pero no me deja dormir, me pone ansioso, entonces cuando es algo así lo hago sin pensar para salir de eso rápido!!

-Sí me considero un procrastinador. Suelo procrastinar cuando no me gusta lo que tengo que hacer y pierdo interés en la actividad que debo realizar. Me distraigo con facilidad. Luego me obligo a realizar dicha actividad; si entro en “flujo” es perfecto porque logro finalizar, sino pierdo más tiempo y vuelvo al principio. Cuando dejo de lado una actividad me siento mal e intento terminar lo antes posible. Para dejar de procrastinar  hago meditación, relajación, oigo música y entiendo la necesidad de hacer el trabajo. El hecho de procrastinar puede ocasionar serios problemas en el rendimiento escolar o en el trabajo.
Autora del dibujo: Cecilia Garcia Villa.

-Sí, me considero procrastinadora. Suelo procrastinar en los proyectos académicos y de gran impacto para mi vida; en este momento mi tesis de grado. Generalmente después de mucho tiempo de tortura psicológica y angustia trato de hacerlo en el último momento, generalmente lo logro aunque no satisface mi TOC perfeccionista. Cuando procrastino se siente horrible, me trastorna totalmente y afecta mi familia también; siento ansiedad, depresión angustia, hipersensibilidad sensorial. Para dejar de procrastinar, en este momento hice un mapa mental gigante en frente de mi cama con cada uno de los pasos pequeñas actividades para lograr hacer mi tesis y entregarla en el momento correcto; lo puse también para que mi familia comprendiera que estaré enfocada en eso, cuando me ven distraída me apoyan para que regrese a la actividad. He perdido innumerables oportunidades por procrastinar; esta es la tercera vez que estoy a punto de terminar una carrera universitaria con eso te digo todo.

-Sí, últimamente me siento mucho más procrastinador que antes; especialmente en cuestiones del trabajo, como por ejemplo: Corregir o escribir mi tesis. Son cosas que estoy dejando para último momento. Luego retomo la actividad naturalmente, ya que lo que procrastino son actividades que se hacen menester para mi trabajo, me guste o no. En el momento en que procrastino, siento tranquilidad. Pero trato de evitarla, agendando y adelantando las fechas de entrega, muchas veces tengo que desconectarme de Internet. A causa de procrastinar, perdí la oportunidad de la publicación en una compilación de un artículo científico. Se trataba de un volumen dedicado a uno de mis padres intelectuales.

-Bueno, me considero una persona procrastinadora, ya que en mi vida he hecho varias carreras las cuales nunca pude terminar; hasta en la música, que es mi mayor pasión, he estado retirado del medio artístico por dos años; y en lo único que he estado trabajando es en el área de las ventas; el cual al paso del tiempo me ha convertido en un genio; pero a pesar de ser el mejor vendedor de la empresa donde laboro, no gano lo suficiente para cubrir todos mis gastos, ya que al tener una hija autista, gran parte del dinero que gano, se me va en ella; y por esa razón me veré obligado a volver de nuevo a los escenarios, para así alternar la música con las ventas.
Autora del dibujo: Cecilia Garcia Villa.

-Sí soy procrastinador, y suelo hacerlo en casi todas las situaciones. Esto no me hace sentir bien. Procrastino la búsqueda de soluciones. Lamentablemente he perdido oportunidades por procrastinar.

-Me confieso procrastinador. Sí, lo soy y me cuesta sentarme a escribirlo. Por lo general retomo la actividad  si es algo que quiero hacer, y si no, la retomo porque no me queda otra. Hay responsabilidades que no debería dejar de lado, y placeres que deben ser aprovechados en el momento adecuado, por lo que es normal que sienta “peso de conciencia” cuando no los hago. Para evitar procrastinar hago cronogramas, es lo que más me funciona, quizás por eso lo evito. Lo que más me funciona, es buscar una versión digital/electrónica de la actividad, para así hacerla con más facilidad. He perdido muchas oportunidades por procrastinar. Por ejemplo, es parte de lo que arruinó mi anterior carrera universitaria, que de todas formas creo que no era la mejor para mí, pero no me dediqué a ella como para darme cuenta de eso antes.

-Bueno, sí me ha pasado: Estudié en la Universidad, y la carrera de Psicología no me agradó, así que me salí. Después me gustó la música en canto y en tocar guitarra, pero me descuidé de esta última, porque me dediqué al baile y ahora teatro. Siento a veces que no tengo tiempo para hacer otras cosas que me gustan, pero después como que me deja de gustar hacerlo. En fútbol, me gustó un tiempo, y después me aburrió.

-Sí, procrastino cuando no me gusta alguna actividad o me da pereza; pero me siento culpable, así que vuelvo a retomarla. Para no procrastinar, evito el ruido y a las personas. He perdido la oportunidad de pasar con mejores notas en mis materias a causa de procrastinar.
Autora del dibujo: Cecilia GarciaVilla .

-Sí y no, depende de lo que deba hacer, en alguna ocasión un profesor de la universidad me comentó que más que procrastinar tengo mis prioridades muy claras. Procrastino cuando la actividad a realizar me resulta desagradable o carece de importancia en mi hacer profesional. Luego de hacer lo que sí me importa e interesa, entonces sí, retomo los pendientes y los termino. Más que "cargo de conciencia" entro en estados de ansiedad muy severos, aunado a ello mi intolerancia a la frustración se manifiesta al 1000% y en ocasiones he llegado a experimentar estados de profunda depresión a causa de las tareas incumplidas. Para evitar procrastinar priorizo y genero estrategias de trabajo y un plan de trabajo, así como, una administración y gestión de proyecto. 6. Nunca he perdido la ocasión de realizar algo a causa de la procrastinación, porque cuando una posible oportunidad aparece, la analizo en función de mis deseos, metas y objetivos personales y profesionales y sobre eso observo si realmente es una oportunidad o una pérdida de tiempo.

-Sí, procrastino en las situaciones que involucran compromisos afectivos, íntimos o de “alta densidad” emocional. A veces retomo la actividad, depende de cómo haya cambiado mi prioridad hasta ese momento. Por lo general en la vida siempre he ido avanzando con la ley del menor esfuerzo, de hacer lo "justo y necesario", midiendo así el impacto que puede tener en mí o en otras personas, el aplazar, decidir o cambiar de prioridad. Trato de avanzar en la vida siempre minimizando el coste del "peso de conciencia". Para dejar de procrastinar trato de anticiparme siempre organizando para el día siguiente lo que voy a hacer. Muchas veces la procrastinación está relacionado con un déficit en el aspecto organizativo de la persona. He perdido oportunidades por procrastinar: Tener un buen trabajo o encarar a una chica que podría de antemano tener alguna probabilidad de éxito. La procrastinación surge de otra propiedad que no sólo responde a la falta de organización, sino también a la inseguridad emocional.

-Después de procrastinar mucho, me decidí a contestar las preguntas de este artículo J Sí procrastino, ahora en casi todo. Antes lo hacía con mucha frecuencia, pero ahora no tanto, aunque trato de esforzarme, tal como hoy para responder las preguntas. Si la actividad me causa malestar, me siento bien al dejarla. Para evitar procrastinar, uso recordatorios en el celular o donde pueda, trato de que alguien lo recuerde por mí y me ayude o trato de contagiarlos de las cosas que yo quería hacer. Perdí varias oportunidades de trabajo por procrastinar, una de ellas es haber sido ingeniero de sistemas.
Autora del dibujo: Cecilia Garcia Villa.

-Yo he dejado 7 carreras universitarias sin terminar.

-En este momento de mi vida estoy estancado, no porque quiera; no puedo financiar mis proyectos, pero si algunas veces procrastiné porque sabía que faltaba algo en mis proyectos, así que me volqué con todas mis energías a lo que necesitaba; una vez tuviera los conocimientos y habilidades volvía con una nueva perspectiva de hacer las cosas. Eventualmente resolveré de alguna manera mi limitante, lo que me mueve es ver mi proyecto terminado como esta en mi mente. Después de eso, no sé, volveré a ver Dragon ball una vez más. 😄

Si luego de leer este artículo, usted ha descubierto que es un procrastinador ¡Bienvenido al “club”! :D  Aquí le dejo algunos consejos de otras personas que quizás le puedan ayudar a dejar de procrastinar:

1. Aceptar que hay tareas que se pueden elegir y otras que no hay opción y hay que hacerlas a como dé lugar, para ello hay que clasificar las consecuencias de hacer y/o no hacer algo. En función de esto establecer un orden de prioridades e irlas cumpliendo según los tiempos que se le asigna a cada tarea.

2. Organizar el día con un cronograma de las cosas que se debe hacer y ubicarlo en un lugar visible.

3. Hacer una lista de actividades e ir tachando a medida que va cumpliendo cada una de ellas.

4. Dividir una tarea compleja en varias más sencillas.

5. Priorizar y generar estrategias de trabajo.

6. Buscar un ambiente apto para realizar la tarea, sin tanta distracción.

7. Desconectarse de las redes sociales y de todo lo que pueda ser un foco de distracción.

8. No perder el tiempo pensando en lo complicada o aburrida que es la tarea, sino que hacerla.

9. Poner una fecha límite para terminar el trabajo y cumplir.

10. Primero trabajar y luego buscar la satisfacción, y no al revés.

Las imágenes utilizadas en este escrito,pertenecen a Cecilia García Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:
https://www.facebook.com/CGVArte?pnref=story

Aquí les dejo un vídeo en donde un joven Asperger habla sobre la Procrastinación: