viernes, 23 de septiembre de 2016

La indeseable Ansiedad.


La ansiedad forma parte de la condición humana y sirve para afrontar situaciones de riesgo o peligro ¿Pero qué sucede cuándo esa ansiedad excede el normal y pasa a formar parte de nuestras vidas de una manera intensa y casi permanente? Una de las comorbilidades del Síndrome de Asperger es el Trastorno de Ansiedad, y esto lo sufrimos la gran mayoría de los adultos diagnosticados tardíamente. El hecho de tener que vivir gran parte de nuestra vida enfrentando situaciones, sin tener las herramientas adecuadas para su resolución, ignorando qué hacer y cómo reaccionar frente a determinados sucesos van “marcando” nuestras vidas, llenándonos de angustia cada vez que debemos emprender algo nuevo o conocido, pero qué sabemos que nos cuesta y por ende, nos provocará ansiedad. Si hay algo que recuerdo muy bien y sé reconocer perfectamente en mí, es la sensación de la ansiedad, la cual me ha acompañado casi toda mi vida: Nerviosismo, inquietud, agobio, irritabilidad, tensión muscular, taquicardia, opresión en el pecho, “nudo” en el estómago, dificultad para concentrarme y sentir una especie de “ceguera” que me impide ver solución a lo que me aqueja, sintiendo que el problema se maximiza aún más de lo que es. Esto provoca en mí un desasosiego enorme, desesperación hasta el punto de no poder respirar y que culmina en crisis de llanto incontrolable, queriendo “desaparecer” para no sentir lo que estoy experimentando, pues me siento una inútil en aquéllos momentos, y aunque quienes me conozcan me digan que yo soy inteligente y muy capaz, nada logra sacarme de ese estado, ni de lo que pienso de mí en esos instantes. Generalmente experimento mucha ansiedad cada vez que debo emprender alguna actividad desconocida por mí y que estoy obligada a realizar, y peor si sucede algún imprevisto. Son innumerables las ocasiones en que he experimentado esta sensación, pero mencionaré algunas vivencias para ejemplificar lo que se siente en aquellos momentos:
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Las primeras veces que experimenté ansiedad, las recuerdo muy bien. Comenzó a los 9 años de edad, pero por ser motivos muy personales, no los nombraré aquí. Sólo diré que un gran desosiego, dolor de estómago y la sensación de que el corazón se me saldría del pecho, me acompañaban determinadas horas del día y desaparecían en ciertos momentos en que parecía que la tranquilidad retornaba a mi vida. La primera situación ajena a mi diario vivir y que me puso muy ansiosa, fue cuando tuve que disertar frente a mis compañeros de clases (tenía 13 años). Recuerdo que ese día estaba muy nerviosa, y nuevamente el dolor de estómago, la taquicardia y la falta de respiración me hizo pararme frente a la clase con una enorme inseguridad, sintiendo que mis piernas casi se doblaban porque no lograba controlar el temblor de mi cuerpo y de mi voz. No pude decir el texto que me correspondía, pues me puse a llorar frente a todos porque no lograba recordar nada de lo que había memorizado. Hasta el día de hoy se me dificulta hablar frente a las personas, más cuando son desconocidos. Sigo sufriendo las mismas sensaciones que me impiden hilar los pensamientos y hablar de manera clara y ordenada.
Cuando tuve que enfrentar mi práctica profesional, una vez más la ansiedad formó parte de mí, hasta el punto de no comer porque sentía mi estómago como si estuviese repleto, pero no de comida sino de una sensación que me es imposible de explicar, llegando a sentir nauseas, y en algunas ocasiones terminando en vómito. Llegaba al lugar en dónde tenía que hacer clases, con media hora de anticipación para tratar de calmarme al estar en el sitio que no quería, pero debía estar. Allí en completa soledad, comenzaba a llorar en silencio y luego trataba de respirar hondo, sintiendo como si me faltara el aire y aguantando las ganas de salir corriendo de ese lugar. Esa costumbre de estar media hora antes, lo hice hábito a lo largo de mi carrera profesional, cada vez que llegaba por primera vez a un lugar, cómo si así pudiese controlar más la situación, pues si hubiese llegado a la hora que me correspondía, habría empeorado mi estado nervioso, aumentando la ansiedad.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Recuerdo la primera vez que tuve que usar Word porque mi trabajo lo exigía y no tenía idea de cómo usarlo, para mí era como si todo estuviese escrito en “chino” y no sabía qué hacer. Primero intenté aprender sola, como en toda cosa nueva para mí, pero rápidamente comencé a sentir frustración porque necesitaba usarlo pronto para tener listas mis planificaciones y veía que transcurrían las horas y no avanzaba nada. Esto me comenzó a poner nerviosa, así que recurrí a la ayuda de otra persona que comenzó a explicarme como si yo supiese de lo que hablaba. Mi reacción fue estallar en llanto y gritar que no entendía, que estaba hablando muy rápido y yo no comprendía de esa manera, que ya no quería que me enseñara y me dejara sola. Afortunadamente esta persona tuvo mucha paciencia conmigo, en ésta y otras circunstancias en que yo pedí su ayuda, y accedió a enseñarme de buena manera. Con su infinita paciencia me dijo que me volvería a explicar, que no me desesperara, que estaría junto a mí hasta que yo aprendiera, fue así que poco a poco, entre sollozos, recobré la calma y fui en busca de mi cuaderno y le pedí que hablara lento y esperara que yo fuese anotando allí cada palabra suya, ordenándolas en un esquema para guiarme cuando me quedase sola (una buena manera de enseñar en clases a un alumno Asperger es con esquemas y todo escrito en la pizarra, donde él tenga una visión de lo que se le enseñará. La mayoría de las veces no entendemos las instrucciones verbales, por lo cual necesitamos ver la información). Finalmente pude aprender lo básico, pero no hubiese sido posible si esa persona hubiese perdido la paciencia conmigo y me hubiese presionado de mal modo a aprender. Me es imposible trabajar bajo presión externa, porque ya de por sí vivo presionándome y me autoexijo demasiado para que todo lo que emprendo resulte casi perfecto, sobre todo si es algo que quiero hacer.
Cuando cambié de trabajo hacia un lugar que quedaba lejos de mi casa, y el cual significó cambiar de trayecto y de infraestructura y modo de trabajo, nuevamente la ansiedad me invadió. Todos los días al volver del trabajo comenzaba a llorar, a gritar y a tirar las cosas para descargarme de toda la frustración que sentía durante mi horario de trabajo, porque fingía tranquilidad durante toda la mañana, pero lo único que quería, era escapar de allí y llegar luego a casa para desahogarme. No lograba entender el nuevo sistema de trabajo, y por más que me explicaban, no entendía, sintiendo que mis compañeras de trabajo me miraban extraño por mi manera de desesperarme y de reaccionar ante lo que yo no entendía (esa mirada la sé reconocer muy bien, pues siempre me han mirado así cuando manifiesto aflicción ante una determinada situación. Una mirada que no sé si definir como extrañeza, lástima, molestia, mofa o incredulidad). No sé qué pensaban en esos momentos de mí, pero la mirada de ellas y su silencio me hacían sentir peor. Sentía como si me viesen como una ridícula o inútil. Fueron cuatro larguísimos meses para mí, en dónde no encontraba consuelo ni solución a lo que estaba experimentando. Esto me llevó a una crisis de pánico, pues era tal el grado de ansiedad que no pude controlarlo de ninguna manera. Después de todo ese tiempo, me adapté a mi nuevo trabajo y a las nuevas personas que conocí allí y ya iba a trabajar contenta.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Todo este doloroso proceso de adaptación finalmente valió la pena, pues mis alumnos terminaron el año escolar de manera exitosa y logré revertir la situación de encontrarme a comienzo de año con un curso que no sabía casi nada de los contenidos que debía saber.
¿Cómo lograba ser una muy buena educadora atravesando crisis de ansiedad? Pues creo que debido a que soy muy perfeccionista y muy profesional a la hora de trabajar. Si no fuese así, no hubiese logrado ser tan buena maestra con todos los niños que trabajé durante 16 años.
Al siguiente año llegué a trabajar a otro Jardín de infantes, y nuevamente el cambio de lugar, de infraestructura y de personas trajo conmigo la ansiedad. Cada día, cuando se acercaba la hora de ir hacia mi trabajo, comenzaba a sentir que me faltaba la respiración, palpitaciones tan fuertes que parecía que el cerebro y el corazón se me iban a salir, malestar en mi estómago (incluso me enfermé del colon por el alto grado de estrés que sentí durante casi un mes en ese nuevo trabajo), lloraba todos los días, antes y después de la hora de trabajo. A penas salía del lugar, mis lágrimas comenzaban a brotar y sentía un gran “nudo” en la garganta y unas ganas de gritar para que esa sensación dolorosa se fuese de mí y así poder respirar. Eran cinco minutos que me tomaba regresar a casa caminando, pero que para mí parecían interminables, y una vez llegado a casa, corría por las escaleras que me llevaban a mi habitación, llorando desesperadamente entre gritos y luego procedía a pasearme en mi habitación, tal como un animal enjaulado, lo cual preocupaba enormemente a quienes viven conmigo y dejaban lo que estaban haciendo para subir a verme y tratar de calmarme; hasta que un día mi prima (madre de dos chicos Asperger) quien ya era testigo habitual de mis crisis por los cambios, me preguntó: ¿Te sentirás mejor si dejas de trabajar en aquél lugar? Entre llantos le respondí que sí. Ella me dijo: Entonces déjalo, no puedes seguir a este ritmo, pues te enfermarás más y tienes un hijo por el cual velar. Sabía que necesitaba trabajar, pero no estaba rindiendo como correspondía, pues no lograba adaptarme, aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, a los cambios de este nuevo lugar de trabajo.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Me pedían cierto tipo de planificación y yo miraba y miraba los documentos que me prestaron para que me guiase y sólo podía ver un montón de letras y no entendía nada, recurrí a una muy buena amiga: Hilda, otra Educadora de Párvulos; y aunque ella tenía mucho trabajo, siempre tuvo la buena disposición de querer ayudarme, y aun así no logré entender lo que se me pedía en aquél trabajo. Intenté cumplir, pues yo soy muy responsable, pero la desesperación se apoderó de mí de tal manera, que dejé abruptamente mi trabajo, pues ya no resistía más. Inmediatamente la ansiedad desapareció. Esta fue la última vez que trabajé como Educadora de Párvulos, después de 16 años de trabajo intermitente (trabajaba 3 años y luego de grandes crisis, lo dejaba por 2 años). Lamentablemente no soy la única persona con el Síndrome que ha dejado su trabajo o los estudios a causa de la ansiedad que le producen las personas que le rodean y la presión que ejercen en nosotros. Una persona Asperger puede llegar a ser un buen alumno o un excelente trabajador, pues tenemos inteligencia y grandes capacidades, pero deben respetar nuestras características, y una de ellas es no exigirnos a actuar como los demás.
Cuando se acercaba el momento de publicar mi libro, fueron momentos de mucha ansiedad para mí, y aunque me agrada escribir, el proceso para llevar a cabo la publicación, fue muy angustiante. Por más que buscaba tutoriales en internet para llevar a cabo el proceso, no entendía nada, y si no hubiese sido por un amigo aspie de Colombia, Juan Fernando, quien me ayudó a entender cada paso que llevaría a la publicación de mi libro, no lo hubiese hecho, pues ya la ansiedad estaba haciéndome su “presa” una vez más y no me dejaba ver nada con claridad. Cuando ya creía que tenía todo superado, me doy cuenta de que la imagen de portada que me hizo una amiga no coincidía con las medidas que se me pedía allí, y nadie de mis conocidos lograba ayudarme en eso, nuevamente comenzó la desesperación hasta que un día ya no aguanté más y exploté en un llanto incontrolable y comencé a golpear mi colchón, gritando que ya no publicaría nada y no volvería a escribir nunca más. Fueron días en que nuevamente el “mundo se desmoronaba” para mí y quería dejarlo todo “botado” y nunca más intentar publicar el libro, pero tuve la dicha que Anita, una amiga aspie de Ecuador (la autora de estos dibujos), me acompañara en esos momentos. Ella con mucha paciencia y cariño, me hizo ver que aquél momento de pesar pasaría y me dijo que yo era una persona capaz y que debía seguir adelante (ella ha sido una de las personas que ha creído en mí y en mis capacidades y estoy muy agradecida por ello). También estuvieron presentes otras personas en aquellos momentos, pero ella fue quien estuvo atenta a mis crisis noche y día, dándome palabras de aliento y diciéndome que yo era buena en lo que estaba haciendo.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Fue Anita quién me ayudó, finalmente, con la portada del libro, facilitándome una foto que yo le pedí le sacara a su pequeña hija aspie. Poco a poco comencé a ver “la luz” nuevamente y, aunque la ansiedad no se fue del todo, logré con ayuda de ella y de Juan Fernando, la tan anhelada publicación de mi libro. Como dato anecdótico, me demoré 2 meses en escribir mi libro, y me hubiese demorado aún más si no hubiese dejado de revisarlo constantemente, porque cada vez que lo hacía, encontraba algo "malo" y volvía a cambiar el escrito, volviéndose casi una compulsión, cambiar todos los días algo que, según yo, no estaba bien.
Así como esos ejemplos que acabo de mencionar, en dónde la ansiedad se apoderaba de mí, hay otros más, pero para no explayarme demasiado, no los mencionaré. Y si algo me ha enseñado la vida, es que las únicas personas que entienden las crisis de otra, son las que la han vivido o han estudiado al respecto. El resto sólo se dedica a juzgar o a exigir que uno “supere” cualquier situación de crisis, aludiendo a que “todos tenemos problemas y no por eso reaccionamos así”. Cuando alguien dice eso, denota que no sabe nada con respecto al ser humano y sus diferencias, no todos tenemos la misma capacidad para enfrentar un desafío ni el mismo modo de reaccionar frente a la adversidad. Si bien es cierto que dicen que querer es poder, no siempre es de la misma manera en que los demás pueden, lo quiera uno o no; y si logramos sortear una dificultad, se debe entender que es a nuestro propio ritmo y no al ritmo que exija la sociedad. Yo logré publicar mi libro, pero luego de un gran sufrimiento y desesperación, sé que a otros les ha sido fácil, pero yo soy YO y no esos “otros”.
Artista: Anita Valle Ocando (Lapizarte).

Luego de mi experiencia con la ansiedad, creo que podría decir que una buena manera de evitar que otros chicos aspies desarrollen este trastorno, es respetando su ritmo de aprendizaje desde pequeño, sin obligarlo a que logre dichos aprendizajes a la edad que se espera que cumplan todos los niños, pues tarde o temprano lo logrará, no hay que desesperarse. Sólo hay que propiciar las instancias para que él se interese por aprender, y cuando él sienta la confianza y el interés por hacerlo, lo hará (más adelante publicaré sobre este tema de los aprendizajes). La presión es un gran generador de ansiedad, y lejos de contribuir a un mejor desarrollo del niño, lo harán un ser inseguro, poco tolerante a la frustración y totalmente ansioso, y lo más probable es que cada vez que experimente crisis a causa de lo anteriormente mencionado, deje las cosas a medias, pero no por flojera ni falta de capacidades, simplemente para evitar la horrible sensación que se experimenta con la ansiedad. También es fundamental no someter al niño a situaciones imprevistas, es muy importante que se le anticipe todas las actividades que realizará durante el día, más si son desconocidas por él, para así evitar ponerlo ansioso y que evidencie ese malestar con llanto, gritos, golpeándose o tirándose al suelo. Nunca olvide que un chico aspie, necesita del apoyo, la comprensión y el respeto de sus características propias del Síndrome de Asperger, y no que lo presionen a actuar como los demás ni en el mismo tiempo en que los otros chicos logran sus aprendizajes.

Las imágenes utilizadas en este escrito, pertenecen a Anita Valle Ocando, una artista excepcional con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:

Aquí les dejo un vídeo en dónde un joven con el síndrome de Asperger habla sobre la ANSIEDAD como Comorbilidad en el síndrome de Asperger:




jueves, 22 de septiembre de 2016

Las Relaciones Familiares desde las experiencias de jóvenes y adultos Asperger.


Es más fácil para algunos padres y/o familiares criticar las conductas y reacciones de un aspie, que asumir que no actuamos como la mayoría porque tenemos un Síndrome, y peor es cuando a uno no se le "nota tanto". Una ironía: Viven criticando nuestras conductas, pidiéndonos que "cambiemos" y actuemos "normal", pero cuando uno le explica el por qué no somos igual al resto de las personas, no aceptan el diagnóstico porque según ellos, somos "normales" (?)
Si usted encuentra este poco apoyo en sus padres o familiares, es importante que los eduque con respecto al Síndrome de Asperger facilitándole material escrito o vídeos en donde se refiera al SA en adultos, para que así logren entender de qué trata y que no es un simple "capricho" creer que uno tiene esta condición, y que va mucho más allá de que se "note en el exterior", porque lo que realmente importa es cómo uno percibe, piensa, siente y actúa debido a nuestra condición neurobiológica, y eso sí se "nota" en nuestras reacciones en diversas situaciones.

A continuación le invito a leer las opiniones, desde las experiencias personales, de algunos jóvenes y adultos Asperger sobre este tema (no he puesto sus nombres para mantener su privacidad):

¿Cuántos aquí se siente apoyado por un familiar o tienen aunque sea un familiar que se haya involucrado en el tema del Asperger? Aunque sea solo uno (Las parejas cuentan también).


-Soy aspie, mi esposa es NT, mis dos hijos son Aspies, resultado conflictivo, muchas veces tengo que tomar decisiones basadas en que es "lo menos malo", agotador. Yo formé familia 10 años más tarde (en promedio) que todos mis conocidos contemporáneos. A mi sí me cambió tener progenie, le dio profundidad a mi vida, todos somos diferentes, uno de mis intereses como Asperger es entender los diferentes puntos de vista que pueden haber sobre una misma situación. Allí descubrí toda una nueva librería de emociones y comportamiento, fue y sigue siendo intenso, tengo que lidiar con 2 Asperger, con mis embrollos mentales y los de ellos, no es fácil.

-Nuestra madre nos decía, a mi hermano y a mí, desde muy niños: “Ustedes son solo dos, ámense, cuídense, que el día que yo no esté, solo se tendrán el uno al otro”. Y así lo hicimos!!! Fue un trabajo de ambos.


-Yo cumpliré mi 11vo aniversario, mis hijas ya tienen 9 y 4 años, y sigo más metida en mi mundo que antes, con la diferencia de que tengo quienes me apoyan y alientan (mis hijas) y quien me cuestiona y al hacerlo me reta y estimula (mi esposo).

-Yo soy Asperger, mi esposo es neurotípico y mis tres hijos están dentro del espectro SOMOS MAYORIA. Nuestra casa es Asperger y el psicólogo dice que es lo mejor que les pudo suceder a mis hijos, que su madre fuera Asperger. Yo les enseño a mis hijos con mi vida con mis vivencias, somos Asperger aprendemos diferente y vemos las cosas diferente.
Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

-En mi casa se mal acostumbraron de que no soy de salir demasiado. Fue motivo de pelea que planifiquen las cosas pensando que voy a estar disponible para ayudarlos sin consultarme si realmente iba a estar. Fue motivo de pelea cuando comencé a socializar un poco más (de adulta) y había organizado salidas con amistades. El motivo: Mi padre tiene la costumbre de necesitar ayuda hasta con cosas que puede hacer solo. Igual ahora se acostumbraron a que hago mi vida, cada tanto se enojan (es inevitable) pero ya no organizan su agenda pensando en que voy a estar disponible. Consejo: Llenen su agenda con actividades y salidas aunque sean algo sedentarios.

-Para evitar discusiones con tus padres, porque les molesta que no hagas algún quehacer en casa, tienes que preguntarles qué oficios quieren que hagas; y haz una lista de tus deberes y pégala en alguna parte. Luego, cuando terminas, vas tachando y no habrá reclamos. Negocia, usa tu inteligencia.

-Es una opción más, ni mejor ni peor que vivir solo. Y al final de cuentas, como en todo, te adaptas o al menos te acomodas Las cosas se dan cuando tienen que darse o cuando deben darse. Yo ni quería formar familia, se formó sola y ya son 11 años. Extrapola eso a la mujer siendo aspie, teniendo 18 años, como fue mi caso. Aunque a mí no me impactó tanto, porque ventajosamente siempre racionalizo y todo tenía explicación lógica. Al contrario, me hizo más aguda en mis observaciones, y más álgida en mi cosmovisión. Creo que más allá de la condición, las reacciones frente a un acontecimiento trascendente en la vida, en este caso formar familia o nacimiento de la progenie, depende de la propia construcción, de las características individuales. El ser aspie ni me perjudicó ni me ayudó (bueno, un poco por la tendencia al pensamiento estructurado y racional). Ahora soy más como la hermana loca de mis hijas, tratando de conservar un poco de cordura para cumplir con mi responsabilidad de guiarlas lo mejor posible. Pero no me 'cambió' en nada, sigo siendo la misma que antes, o quizás más tozuda e incisiva.
Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

-Mi marido no me cree nada de lo que digo, y pensé que iba a cambiar con el reciente diagnóstico, pero no, el diagnóstico no me ayudó a que me crea más, ni a que me comprenda mejor. Pienso que más que negación de su parte, es necedad, no sé qué será. No ayuda en nada una persona tan cercana, y de quien uno más espera comprensión y apoyo, se bloquee con un mecanismo de defensa. La verdad eso te frustra bastante. Es mejor estar con menos gente, pero que te comprenda y te quiera como eres.

-Es difícil cuando tus suegros saben que tienes Asperger. Es que son dos ideas contradictorias: “Que tienes autismo y que no es tan grave”, pero ni ellos, ni uno mismo sabe hasta qué grado está uno afectado.

-Mi hijo tiene 6 años y también es muy parecido a mí, entonces chocamos mucho con nuestros puntos de opinión, aunque como se dice: “Una debe marcar la diferencia por ser adulto”. Es un impacto para una la maternidad, por ese pensamiento de responsabilidad y de que una persona depende al cien por ciento de uno, y eres su figura de ejemplos, imitación. Pero es maravilloso. Aunque algunas veces deseo salir corriendo, amo mi familia.

-Yo siempre he tenido conflictos con mis padres. Desde que fui diagnosticado, la cosa solo se calmó un poco, porque ya me dejan que haga mis cosas, ya no se meten tanto. Pero mis papás y mi hermana sí me hicieron pasar ratos malos, mi hermana ahora se porta más comprensible.

-Mi madre es neurotípica y por ende le cuesta trabajo entender que tiene un hijo con Asperger y TDA, y debo decir que ella tanto me sobreprotegía como me exigía; hoy en día, a mis 34 años, mi relación con ella es buena, en algunas cosas me entiende y en otras no. Sí, durante mi adolescencia y mi infancia me cuestionó muchas de mis decisiones, por no decir todas, y esto generaba una discusión tremenda. Hoy entiendo que mi mamá solo quería mi bien, gracias a la forma de ser y actuar de mi mamá, junto con la comprensión y exigencia de mi papá, también con Asperger y TDA, hoy en día soy feliz y hago lo que quiero, consciente, ante todo, en mi beneficio y sin lastimar a nadie más.
Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

-A mi madre le ha costado trabajo aceptar mi condición de Asperger. A mí apenas me diagnosticaron a principios de este año, así que te imaginarás el hecho de que ella de repente entienda las cosas "raras" de mí y el hecho de que “es de por vida”. Todos los padres siempre esperan hijos “sanos”, inteligentes, asertivos, etc., pero cuando se topan con esto surge una especie de Negación que nos afecta porque, precisamente, necesitamos apoyo y afecto. Hay que también comprender y tenerle paciencia a nuestra madre. Darle tiempo y espacio para enfriar las cosas y poder decirle cómo te sientes en realidad, aunque en el momento lo tome en serio o no.

-Cuando la familia desconfía de los Aspergers, no se dan cuenta cómo afectan esas actitudes a nuestra autoestima. Quizá ellos creen que no tenemos ni siquiera el concepto de la autoestima.

-Hay familias que ni siquiera aceptan la condición de sus hijos.

-Yo le dije a mi esposo esto durará mientras creas en mí, si no, esto no tiene sentido. Él mismo observa cómo soy de definitiva y tajante con los que pierden la fe en mí y en esto incluyo a mis padres. Además cuando lo conocí yo vivía sola. Por lo que no me es ninguna novedad.

-Mi esposo me confeso en estos días que al principio se sentía rechazado por mí, pero que ya se adaptó, y entiende que solo soy yo siendo yo.

-Hay días que quiero estar pegada todo el día a mi esposo, hasta demando exceso de atención, otros días no, más bien, él viene detrás de mí porque me ve muy distante y le preocupa, no sé porque soy así, me sale y ya...

-A veces mi pareja me reclama porque no me gusta que me acaricien. No soy una persona muy demostrativa a nivel romántico, y cuando le quiero regalar algo como un detalle o le quiero decir algo romántico termina siendo un caos malinterpretado y necesito explicar el por qué. Es que no me sale regalar peluches o decir frases trilladas, para mí tiene más valor algo más pensado y personalizado (no sé cómo sigo casado).
Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

-Mi esposo me “odia” por lo que hice, pero era lo más sano: Me sinceré, sin expectativas, en determinar las características del hombre que me iba a acompañar, nada de príncipes azules, parecía un esquema de algoritmos y después lo busqué por internet. Cuando lo conocí en persona, le dije lo que había hecho, y de allí me dice: “Témpano”. La física es clara: “Si hay una relación con alta energía, no va a ser estable”. Si te esfuerzas mucho para mantener un noviazgo, olvídate de un futuro. No sé, llevo 16 años de casada, veamos que sigue pasando.

-Estoy casado y tengo 2 hijos. No ha sido fácil, mi esposa me resiente por no ser cariñoso ni receptivo de cariño, pero vamos bien, poco a poco.

-A mí me carga cuando mi novia pasa más tiempo hablando con otras personas que conmigo, cuando voy a verla. Creo que se debe a que nosotros nos hacemos la idea de que si salimos para estar con alguien, suponemos que es para estar con esa persona y no con otras. Dejale en claro a tu pareja que tú vas a verlo a él, y que si él no quiere verte a ti, mejor que se vean en otro momento. Tú no tienes que ser infeliz por darle el gusto a él.

-Mi Señor Padre dijo que yo estaba loca, que mi hijo no tenía nada, y cuando se lo demostré, dijo que porque no lo conoce bien. Luego me dijo que estaba exagerando cuando le dije que lo sospechaba en mi hija; y cuando se lo demostré dijo que no sabía mucho sobre el tema. Cuando le dije de mí, dijo que yo estaba obsesionada con el autismo y que ya lo veía donde no estaba, cuando se lo demostré ya mejor se quedó callado; y algo similar pasó con mi hermana 8 años y medio menor que yo. Mi esposo es el único que me ha creído y apoyado en todo, y fue quien me animó más a ver un especialista, gracias a él tuve el valor y aquí está conmigo. Yo le pregunto que si me culpa porque nuestros hijos nacieron así y me dice que no, que nunca me culparía de algo así y que hasta quiere que tengamos un tercer hijo, pero eso sí lo pienso más, porque con mi niño yo batallé muchísimo porque no sabía que estaba sucediendo.
Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

-Tuve una relación de cinco años, la cual terminó hace tres años atrás. Él evitaba que sus padres supieran que yo era Asperger y me golpeaba o pellizcaba debajo de la mesa para que yo no hablara cuando estábamos comiendo y lo "hiciera sentir incómodo”. Con sus amigos era lo mismo, me confundía la forma en que cambiaba su conducta estando a solas conmigo y cuando estaba con sus amigos. Lo del pellizco fue después que le dijera cuanto me dolían los puntapiés que me daba en las canillas. Puede que el pellizco parecer un mal menor, pero no deja de ser maltrato físico, lo peor de todo es que yo sentía que me lo merecía, no entiendo como aguante tanto, pero esas relaciones entre manipulador y dependiente no llevan a nada bueno. Llegó el punto en que yo ya no tenía autoestima, me encontraba anulada como persona, y antes de un viaje largo que él hizo por seis meses, su madrina me dice que yo debía aceptar que él me fuera infiel con quien quisiera ya que era hombre. O sea, no solo lidié con que no me aceptaran, sino que debía aceptar cosas que no me correspondían a causa del machismo. Cuando tú no tienes autoestima te vuelves codependiente e incluso justificas el maltrato físico y psicológico. Hace tres años tomé la decisión de dejarlo, por mi propio bien, y aunque ha costado, ya que mi mundo giraba en torno a él, hoy siento que soy capaz de muchas cosas y me siento orgullosa de lo que soy, por eso hay que analizar muy bien si la persona a la cual uno ama de verdad nos hace sentir bien. Cuando uno tiene pareja hay que hablar sobre cómo se sienten el uno con el otro y, sobre todo, un punto importante: El otro debe demostrar que de algún modo se siente orgulloso de ti, cuando ves que el estar contigo es más por un sentimiento de lástima, simplemente estás perdiendo el tiempo.
Fotógrafo: Rodrigo Corvalán.

-Mi hermana ha sido muy constante en eso, a pesar de mi diagnóstico tardío, ella se ha preocupado desde que diagnosticaron a mi hijo y después de ser diagnosticada yo aún más.

-Mi pareja solamente se ha preocupado desde el principio por mi, mis padres hacen mucho que lo negaron y lo siguen negando, incluso voy a una psicóloga en secreto.

-Mi pareja al principio del diagnóstico. Ahora está como desentendida del tema.

-Tengo varios frentes; mi padre aún lo niega (dice que soy “pajarón”). Mi pareja me exige ser funcional, aunque entiende el tema. La madre de mis hijos, al heredar ellos mi condición, reconoce en mi hija mayor y mi hijo menor, cada uno de mis tics, manías y actitudes; pienso que todo me ayuda.

-Apoyado por un familiar, como tal no, de hecho, he aprendido a no necesitar ni su apoyo ni su aceptación, con que me acepte y yo solito me apoye, basta y sobra.

-Mi esposa, aunque más por nuestros hijos que por mí. Pero así es como hemos ido aprendiendo.

-Ninguno, por ahí mi hermana tiene uno que otro indicio, pero los demás: Cero.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Rodrigo Corvalán, un gran fotógrafo con el síndrome de Asperger. Pueden encontrar más de sus fotografías en esta página:


Vídeo con el testimonio de Angela, madre de un joven con Autismo:

jueves, 15 de septiembre de 2016

La Depresión, mi compañera de vida.


Desde muy pequeña recuerdo haber estado sentada llorando en un rincón, sintiendo una aflicción inmensa en mi ser por sucesos muy tristes en mi infancia, pero las ganas de morir las comencé a sentir a los 12 años aproximadamente. No sentía apego por la vida y esa indiferencia ante la muerte la viví hasta los 33 años reapareciendo a los 40 años. Siempre me di cuenta de que algo sucedía conmigo, pero no lograba comprender que es lo que me hacía sentir “diferente” a los demás y poco a poco comencé a pensar que quizás estaba loca por mi manera de reaccionar frente a determinadas situaciones que las demás personas no experimentaban como yo. Eso sumado a las constantes críticas a mi “forma de ser” me “hundían” más en períodos depresivos, teniendo constantemente pensamientos suicidas, aunque sólo una vez, a los 17 años, concreté de manera drástica mis deseos tomando muchas pastillas, pero me llevaron de manera oportuna a la clínica y nada ocurrió. El resto del tiempo deseaba en secreto que alguna enfermedad terminal llegase a mi vida o que el autobús en que me trasladase se diese vuelta o que la anorexia temporal que tuve, desencadenara en mi muerte. En aquellos períodos depresivos no me importaba nada ni nadie, ni siquiera mi pequeño hijo al cual amo con todo mi ser. Quizás fui una egoísta en esos momentos, pero la depresión no se piensa, no se desea, sólo llega y se instala por determinados periodos, a veces muy largos, tomando el control de nuestras vidas, impidiendo razonar y ver lo "bueno" de la vida. Por eso detesto que la gente juzgue con liviandad a quienes hemos padecido de este trastorno, tratando muchas veces de cobardes y egoístas a quienes deciden poner fin a su vida, sin siquiera detenerse a pensar por un segundo lo que pudo haber estado viviendo esa persona para llegar a hacer algo tan drástico e irreversible, y que no es “que uno exagere o que no quiera salir de la depresión”, la depresión envuelve sin piedad a quien la padece.
Artista: Cecilia Garcia Villa.

Qué fácil es para quienes no han tenido depresión dar consejos como si fuese cuestión de fuerza de voluntad salir de estos períodos, ignorando que muchas veces sus palabras más que ayudar nos hunden aún más porque nos hacen sentir que somos incapaces de lograr lo que ellos denominan algo que se puede “superar” si “uno quiere” ¿Usted cree que la persona con depresión le gusta estar deprimida? ¿Usted cree que si se pudiera salir de ese estado tan "fácilmente", uno querría estar deprimido? ¿Usted cree que uno se despierta un día y piensa: "Hoy voy a estar deprimido porque quiero llamar la atención y dar lástima porque me 'encanta' estar sumida en esta situación"? No creo que ni una sola persona en el mundo que sufre de depresión quiera estar así. Así que, por favor, para la próxima vez que usted sepa que alguien está deprimido, primero piense antes de juzgar.
Con los años, entre depresión y depresión, comencé a analizar el hecho de que si yo moría, privaría a mi hijo de crecer con una madre, y yo sé lo que significa eso y lo que puede llegar a afectar y no quería eso para él. Además comencé a sentir miedo de enseñarle indirectamente a mi hijo que frente a las dificultades se debe acabar con la vida de uno porque es la "única" solución y no hay más probabilidades. Estos pensamientos no apartaron la depresión de mi vida, pero por lo menos si las ganas de morir, eso hasta que llegó mi diagnóstico como mujer con el Síndrome de Asperger. Quiero aclarar que saber que tengo el Síndrome fue, lejos, muy aliviador, pero la crisis existencial que vino después del diagnóstico, fue la que me hizo nuevamente querer morir (en este escrito explico el por qué: La Revelación).
Artista: Cecilia Garcia Villa.

También quisiera decirles que la depresión NO es una característica de nuestra condición, por lo tanto no es una regla general que todos los aspies hayan sufrido depresión, pero SÍ es una de las comorbilidades que puede presentar el Síndrome de Asperger, más aun si las personas han vivido casi toda una vida sin saber que tenían esta condición (por eso insisto una y otra vez en la importancia de los diagnósticos tempranos). La desesperación de no lograr "encajar" en este mundo y no saber las razones, y más aún si se vive bajo presión, por parte de quienes nos rodean, para actuar "normal", son una de las causantes de la aparición de esta comorbilidad. ¿Qué se siente cuando uno tiene depresión? Trataré de explicarlo desde mi propia experiencia: Se siente mucho más que una tristeza y desgano, es una angustia profunda que quita las ganas de todo, de comer, de hablar, de moverse, hasta respirar duele. Como no hay ganas de hacer nada, uno ya no quiere vivir, porque la vida le causa dolor, un dolor profundo y difícil de describir. Eso es estar deprimido, por eso detesto que algunas personas ocupen esa palabra con liviandad diciendo: “Me siento deprimida”, cuando lo único que les sucede es que no tienen ganas de hacer algo o sienten tristeza. La depresión no es eso, es MUCHO MÁS, es algo que se apodera de nuestros pensamientos, nuestro sentir, nuestro vivir, haciéndonos sentir como si fuésemos pequeños en un mundo que parece agrandarse y abalanzarse sobre nosotros, no dándonos chance para ver la vida con optimismo ni con fuerzas.
Artista: Cecilia Garcia Villa.

¿Qué debe hacer si usted conoce a alguien que sufre de depresión? Lo primero es NO obligarlo a que enfrente la vida como usted lo hace, no lo compare con usted ni con nadie que sea más “fuerte”. Escuche lo que tenga que decir sin cuestionarlo (aunque a usted le parezca que lo que le está contando “no es para tanto”). Dígale que a pesar de que usted no sabe lo que es estar deprimido, entiende su sentir, y que respeta sus deseos de estar solo, pero que no olvide que lo que está experimentando hoy, por muy “duro” que sea, habrá días en que se sentirá mejor y si atenta contra su vida, no podrá comprobar que lo que está viviendo en estos momentos, en otra ocasión puede tener solución. Dígale que si quiere llorar que llore, que si quiere gritar grite, pero que no solucione esta desesperación con la muerte porque usted le quiere y no podría soportar no verle más. Algo muy importante que hace tiempo tengo ganas de aclarar y es eso de que la gente piensa que un suicida en potencia “no avisa” cuando quiere matarse y que si quisiese matarse “simplemente lo haría”, pues es ABSOLUTAMENTE FALSO. Hay personas que en su desesperación plantean sus planes, pero NO por manipular, simplemente están pidiendo casi a gritos ayuda, comprensión, contención, alguna "señal" que les muestre por qué deberían quedarse en esta vida. Si bien es cierto, existen personas que por alguna otra razón manipulan con amenazas de muerte, hay otros que de verdad desean hacerlo, muchas veces ocupando ese tiempo, entre aviso y aviso, para darse el valor suficiente para llevar a cabo sus deseos de morir, porque NO ES FÁCIL para nadie quitarse la vida. Es por eso que después de muchos intentos, finalmente logran su objetivo, y luego vienen las lamentaciones de "por qué no le hice caso cuando me dijo que se iba a matar". Y los que por una u otra razón no nos llegamos a suicidar, no es que seamos más “fuertes”, ni tampoco motivo de comparación, pues aunque hayamos optamos por vivir, el “calvario” se lleva por dentro y nos sentimos muertos en vida, hasta que le encontramos el sentido de vivir.
Artista: Cecilia Garcia Villa.   

Hoy por hoy, yo ya no quiero morir ni deseo que alguna enfermedad “aparezca” y que me quite la vida, aunque sigo fumando (el cigarro apareció hace 12 años en mi peor crisis de angustia y depresión, cuando yo no le tenía ningún apego a la vida ,y jamás pensé que me costaría tanto dejarlo, y si lo menciono en este escrito NO es porque me sienta orgullosa ni quiera dar un MAL ejemplo, en cambio, mi experiencia les puede servir de referente para no fumar bajo ninguna circunstancia, pues se vuelve una terrible adicción, y cuesta bastante dejarlo). Bueno eso es otro punto y sí, una persona Asperger SÍ puede tener adicciones así como otras personas que no las tienen (leer este artículo: ¿Puede un adulto Asperger tener algún vicio?).
A pesar de todo, hoy al fin veo el sentido a mi vida y sé que puedo lograr mis propósitos porque tengo un Síndrome que me permite tener capacidades para hacer grandes cosas si me lo propongo con esfuerzo y fe. Mi hijo acaba de ingresar a la universidad y quiero estar viva para verlo titularse de Ingeniero Civil Industrial en Mecánica, quiero verlo formar su propia familia y quiero ver crecer a los hijos que él algún día tenga. Quiero ver el fruto de mi trabajo en la escritura y ser una reconocida novelista. Quiero disfrutar de lo hermoso que es el amanecer y también del anochecer. Quiero ser la portavoz de todos los diagnosticados tardíamente. Y PRINCIPALMENTE, quiero decirle a los aspies lo siguiente: A TI que aún no has logrado algún objetivo que te hayas planteado en la vida. A TI que sientes que "no vales nada", que eres "inútil" y un "estorbo", NO DESESPERES, NO PIENSES en que lo mejor que te puede suceder es morir, YO TAMBIÉN ME SENTÍ UN DÍA COMO TÚ y hoy estoy aquí, diciéndote que lo bello de la vida a veces tarda, y más de lo que uno quisiese, pero tarde o temprano llega, lo digo yo que muchas veces quise morir, y que hoy a mis 42 años, recién sé lo que quiero en mi vida y estoy luchando por ello. Y Aunque caiga en estados depresivos algunas veces por situaciones que me afectan, optando por estar sola y no hablar a nadie, quiero estar viva para dar mis testimonios y si con algunos de ellos logro ayudarte a TI que me estás leyendo, entonces me daré por satisfecha y sabré que al haber elegido la vida, te ayudé a ti a querer vivir.

Las imágenes utilizadas en este escrito pertenecen a Cecilia Garcia Villa, una excelente artista con el Síndrome de Asperger, y pueden encontrar más de sus obras en esta página:
https://www.facebook.com/CGVArte?pnref=story

Aquí les dejo un vídeo en dónde un joven con el síndrome de Asperger habla sobre la DEPRESIÓN como Comorbilidad en el síndrome de Asperger:

jueves, 1 de septiembre de 2016

Experiencia de vida de Marisol, una joven con el Síndrome de Asperger.


Según el Dr. Briseño, el Síndrome de Asperger comienza a manifestarse a los dos años y medio, y sí fue mi caso.
Mi nombre es Marisol Salinas, soy de Monterrey en México y nací en 1988.
Yo no podía hablar como los demás niños de mi edad lo hacían, cuando mucho, repetía lo que los demás decían (Ecolalia).
Por eso, y porque avergonzaba a mis papás con mi comportamiento inquieto e hiperactivo, mis papás comenzaron a pedir ayuda con especialistas.
No sé por dónde empezaron, fuimos a Cáritas, donde les dieron un diagnóstico nada alentador, les dijeron que yo era autista y que mi muerte vendría progresivamente.
Recuerdo también me mencionaron a una tal Dra. Rhodes, como iba a tomar terapia junto con un niño con problemas de agresividad, decidieron llevarme a otro lugar donde me dieran atención más personalizada.
Mis papás me contaron que me llevaron con una psiquiatra llamada Patricia Ordoñez, pero no recuerdo haber ido con ella durante ese tiempo.
Fui también con una terapeuta llamada Mayra, supongo que ahí estuve más tiempo, porque sí recuerdo su cara.
Aprendí a hablar gracias a un juguete en forma de libro donde podía formar frases aleatorias, que a mis papás les costó mucho dinero.
Finalmente, terminé tomando terapia con una señora llamada Rosy Carrillo, recuerdo también que junto con Rosy estuvo apoyándome Rayito, quien luego sería mi madrina.
Tuve problemas para aprender a hablar, claro, pero aprendí a leer a los cuatro años y medio. Según mis papás, fue mi tío Rafael el que me enseñó a leer, recuerdo que también me enseñó a persignarme y la oración del Padre Nuestro.
Mis padres también elogiaban mi memoria fotográfica. Podía asociar el logotipo del INEGI que aparecía en un comercial de la tele con el logotipo de la calcomanía que estaba fuera de mi casa.
Desde siempre me gustó escuchar música, según mis papás, me gustaba escuchar a Ricardo Montaner, Pablito Ruiz y Topo Gigio. También me ponía a cantar canciones de Timbiriche y me sabía la canción de <<Bajo el mar>> de la película <<La Sirenita>> de memoria.
Mi interfaz de DJ y yo, Julio 2015.

Me liberé de Rosy Carrillo cuando tenía 7 años. Cuando estuve en primero de primaria, aprendí cosas nuevas como sumar decenas y los puntos cardinales. En las vacaciones, aprendí las tablas de multiplicar del 1 al 10 sólo por entretenimiento.
En segundo de primaria, tuve muchos problemas por mi comportamiento inquieto, en aquel entonces y por la edad que tenía, decir malas palabras era considerado tabú, mis compañeros me hacían bromas para que las dijera, y así, burlarse de mí por ser tan ingenua.
En 1997, comencé a grabar en cassettes, fue mi pasatiempo favorito durante mi niñez, empecé por narrar biografías de los personajes de la Revolución Mexicana, ya después, grabé también la música que pasaban en la radio y notas de voz graciosas.
Otro de mis temas de interés en la niñez era usar la computadora, la usaba para disfrutar de sus juegos, dibujar en Paint, hacer mis primeras hojas de cálculo, entre otros programas interesantes.
Fue como por el año 1999 cuando comencé a interesarme en la música clásica, iba cada fin de semana al supermercado para ver qué CD de música clásica me compraban. Aún conservo mis discos de Vivaldi, Bach, Brahms, Chopin, Rossini, entre otros.
En el 2000, lo mejor que pudo haberme sucedido es tener una computadora con SO Windows 98, en ella digitalizaba mis grabaciones, pero sobre todo, contar con la Enciclopedia Encarta. Disfruté mucho  de las actividades interactivas, así como los clips de audio y de video.
También participé en la Olimpiada del Conocimiento, una serie de exámenes de conocimientos para niños de sexto de primaria con el objetivo de reconocimiento académico al grado de llegar a conocer al Presidente de México,  pasé todas las etapas, menos la última, que era la de conocer al Presidente.
La pubertad fue un tanto complicada y difícil, seguía escuchando música clásica, pero mis compañeras de clase no lo hacían y no lo comprendían, una de ellas inclusive me sugirió que escuchara música pop; se sabían completas canciones populares que a mí no me llamaban tanto la atención.
La secundaria fue una época muy grata, seguí teniendo problemas para socializar, pero era querida y respetada no solamente por mi inteligencia y mis excelentes calificaciones, sino también porque desprendía un amor puro.
Además, comencé a escuchar música electrónica y descubrí a Daft Punk, mi banda favorita desde entonces hasta la fecha.
Marisol en el cerro del Chupón, Febrero 2016.

También disfrutaba de hacer cosas diferentes, como jugar con muñecas, pero creaba historias que iban más de acuerdo con mi edad, si no es que de temática más adulta.
Mi sociedad de muñecas se mezcló con monitos de papel que imprimía de la computadora de personajes de mis series preferidas. Mi parte favorita siempre fue organizar fiestas donde sucedían locuras entre mis personajes favoritos, vivir en ese mundo era mucho más placentero que la vida social común.
Terminándose la secundaria, hice a mi primer mejor amigo, salí con él durante toda mi estancia en la prepa. Hasta esa fecha, pude comenzar a salir sin mis papás. Teníamos al anime japonés como tema en común. Fue mi paño de lágrimas, ya que en la prepa, mi vida dentro del salón de clases fue terrible.
La preparatoria es un periodo que ahora prefiero no recordar, donde considero que mi SA afloró sin control, por ejemplo, hablando sobre anime a gente a la que no le llamaba la atención ese tema, pero en ese entonces no sabía que yo era Aspie.
Fui rechazada de un grupo de chicas, el día que me dijeron que ya no querían que me juntara con ellas ha sido uno de los días más tristes de mi vida.
Se burlaban de mí porque notaban que yo era diferente, no era la típica chica normal que le gustara comprar ropa cada fin de semana y hablar sobre chicos todo el tiempo.
Me sentía tratada como una retrasada mental, al grado de que al salir de la preparatoria, una compañera de clases me hizo una broma telefónica de muy mal gusto.
A la hora de escoger carrera, yo quería entrar a Diseño Gráfico, pero mis papás me convencieron de no estudiar esa carrera porque el campus a donde tenía que ir estaba muy lejos, no me quedó otra alternativa que escoger mi segunda opción, que era Ingeniero Administrador en Sistemas.
Me fue tan bien en el examen de admisión para ingreso a la Universidad, que me ofrecieron la carrera de Ingeniería en Mecatrónica, para no decepcionar a mis papás y no desaprovechar la oportunidad, elegí estudiar esa carrera, aunque la robótica no fuese mi tema de interés.
Salí tan pasmada y decepcionada de la preparatoria, que tuve problemas para integrarme al inicio de mi carrera en la Universidad. Tenía pensamientos que se encontraban fuera de la realidad y la idea de suicidarme se hizo más constante.
El ambiente de esa carrera era de mucha competencia y eso me agobiaba mucho.
Gerald y Aiko. Fin de año 2011.

Demostraba mi odio hacia la carrera reprobando al menos una materia por semestre, y sintiendo apatía hacia los proyectos de robótica en los que tenía que participar, aunque no hiciera nada realmente.
Mi mejor amigo progresivamente se alejó de mí, terminó prefiriendo sus ambiciones de estudiar en Estados Unidos que continuar su amistad conmigo, aunque me pregunto si realmente eso es un impedimento.
Lo mejor que puedo decir sobre Mecatrónica, es que formé amistades con algunos compañeros, dos compañeras se convirtieron en mis mejores amigas y eso me llenaba de dicha y motivación para continuar con la carrera.
Pero sentía que estar ahí no era para mí, y entonces decidí cambiarme de carrera dentro de la misma escuela, volver al plan original, ser Ingeniero Administrador de Sistemas, ahí veía tópicos como Administración, Programación y Base de Datos.
Cambiarme de carrera para terminarla ha sido una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida, disfrutaba de las clases y mi vida social era fantástica.
Casi terminando dicha carrera, conocí a Georgina Wong, una psicóloga que una prima de mi mamá le recomendó que me llevara, comenzó a darme terapia, me ha enseñado muchas cosas para la reconstrucción de mi persona, me daba Flores de Bach cada que iba a la cita y por ella también conocí a Carlos, un chico Aspie con quien tuve un noviazgo de casi 4 años.
Justo antes de enterarme por ella que yo era Aspie, mi amistad con una de mis mejores amigas de la Universidad terminó muy mal, fue un momento muy horrible.
Cuando me enteré que yo era Aspie, varias piezas del rompecabezas de mi vida comenzaron a encajar: mis intereses restrictivos, hablar con un acento particular y mis problemas para socializar con los demás. Me hice consciente de ello.
La idea de crear el Club Aspie, donde juntaría a los Aspies adultos de mi ciudad, salió de Georgina cuando nos sugirió a Carlos y a mí conocer a Brandon, otro chico Aspie. La idea me pareció tan fantástica que la ejecuté tan rápido como pude.
El grupo inició con una actividad constante de Miles Zappa, otro chico Aspie quien Carlos aceptó su solicitud de entrar al grupo.
Los Clásicos 5, Octubre 2015.

Nuestra primera reunión fue genial, fuimos Brandon, Carlos, Miles y yo a comer a un buffet. Conversamos sobre temas que nos interesaban, pero sobre todo pasamos un momento muy agradable y nos sentíamos cómodos.
Nos reunimos una vez al mes, donde solemos asistir los Clásicos 5: Brandon, Carlos, Miles, yo y Armando Medellín, quien se unió al grupo tiempo después, y desde entonces hemos pasado momentos gratificantes juntos.
En el club, encuentro al grupo al que siempre he querido pertenecer durante años, y eso me llena de mucha satisfacción y regocijo.
Somos aproximadamente unos 15 miembros, y aunque suelo sentirme más cómoda en grupos pequeños como el de los Clásicos 5, me llena de alegría la idea cuando alguien más del grupo puede darse un tiempo para juntarse con nosotros.
Un momento muy satisfactorio que me encantaría mencionar es cuando tomo un curso de DJ, teniendo a Manuel Jiménez como mi mentor. Convertirme en DJ es un sueño hecho realidad, ya que tantos años de escuchar música están empezando a rendir sus frutos. Espero poder desarrollarme en ese medio algún día.
Actualmente, me encuentro aprendiendo cosas nuevas cada día, sobreviviendo en un mundo que parece estar hecho para neurotípicos y al mismo tiempo, disfrutándolo.
Aceptarme a mí misma, dar lo mejor de mí al mundo, haber formado una hermosa amistad con otros Aspies y concientizar a la gente que no conoce del Síndrome de Asperger me hace sentir realizada como ser humano.
En caso que deseen contactarme, pueden mandarme un correo a himasaga@gmail.com, cualquier cosa que necesiten, ahí estaré.
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En este vídeo estoy siendo entrevistada por un joven Asperger: